domingo, 10 de julio de 2016

Seres que trabajan para transformar la pobreza desde un lugar que devuelve DIGNIDAD y PODER

Alfredo Moffatt es un arquitecto, psicólogo social, argentino, adulto mayor, que dedicó su vida a potenciar a las personas hacia su AUTOGESTIÓN, interesándose especialmente por los pobres.
Un ejemplo de acompañamiento respetuoso y adulto de cómo salir de esa circunstancia limitante que es la pobreza, a partir de responsabilizarse por la propia vida, cooperando con otros, saliendo de la creencia distorsionada que "el poder, el gobierno, es quien me tiene que mirar y dar porque yo no puedo resolver esto..." o peor aún, ver, inconscientemente, al rico como un enemigo; lo cual, ha originado una profunda y dolorosa grieta en nuestra sociedad.
Por otro lado, tenemos el ejemplo similar de Pedro Opeka, un sacerdote argentino de 67 años que a los 22 años se fue a vivir a Madagascar, una isla de África, un lugar con mucha pobreza. Allí se instaló y rescató a más de medio millón de personas que vivían en la pobreza extrema, creó pueblos y colegios; hoy es considerado como el “Albañil de Dios” y candidato al Premio Nobel de la Paz.
Opeka considera que para salir de la pobreza es esencial que las personas se comprometan en la tarea, pues el trabajo devuelve DIGNIDAD al ser humano: “Los planes sociales son lo peor que se le puede hacer a un pobre. El asistencialismo debe existir siempre con trabajo. El que no trabaja que no coma”.
Alfredo Moffatt y Pedro Opeka comparten la misma lógica desde donde actúan, desde profesiones muy diferentes, ayudando a seres en situación de pobreza a transformar esa experiencia a partir del compromiso, el trabajo y la cooperación junto con otros.
Gracias a ambos por ser ejemplos concretos a la hora de mostrar un camino que devuelve DIGNIDAD a las personas, y brinda herramientas que le demuestran el PODER de volverse adultos, autónomos y cooperantes. 
Mientras escribo esto, recuerdo esta frase iluminadora de Leonardo Boff, teólogo, pensador brasilero: "Somos herederos de siglos de colonialismo que nos dejó la marca de «gente sin importancia», dependiendo siempre de los de afuera".

Cuando confundimos la experiencia que estamos transitando (en este caso sería la situación de pobreza) con lo que SOY en esencia, quedamos atrapados.
Cuando reconectamos con nuestro poder interior, podemos crear algo nuevo, transformando la realidad que agobia y asfixia.

Podemos elegir hoy sanar esta herida, despedirnos del pasado, madurar, recordando quiénes somos en verdad; y asi poder pararnos en el presente y mirar hacia adelante.
Así sea! Saludos cordiales!
¡TODOS podemos serlo!

¡A RECORDAR NUESTRO REAL ORIGEN!