jueves, 17 de septiembre de 2015

Percibimos la Realidad a través de nuestro filtro mental

Los ciegos y el Elefante
Érase una vez seis hombres sabios que vivían en una pequeña aldea.
Los seis sabios eran ciegos. Un día alguien llevó un elefante a la aldea. Los seis sabios buscaban la manera de saber cómo era un elefante, ya que no lo podían ver.
"Ya lo sé", dijo uno de ellos. "¡Palpémoslo!". "Buena idea", dijeron los demás. "Ahora sabremos como es un elefante". Así, los seis sabios fueron a "ver" al elefante. El primero palpó una de las grandes orejas del elefante. La tocaba lentamente hacia adelante y hacia atrás. "El elefante es como un gran abanico", gritó el primer hombre. El segundo tanteó las patas del elefante. "Es como un árbol", exclamó. "Ambos estáis equivocados", dijo el tercer hombre. "El elefante es como una soga". Éste le había examinado la cola.
Justamente entonces el cuarto hombre que examinaba los finos colmillos, habló: "El elefante es como una lanza".
"No, no", gritó el quinto hombre. "Él es como un alto muro", había estado palpando el costado del elefante. El sexto hombre tenía tomada la trompa del elefante. "Estáis todos equivocados", dijo. "El elefante es como una serpiente".
"No, no, como una soga".
"Serpiente".
"Un muro".
"Estáis equivocados".
"Estoy en lo cierto".
Los seis hombres se ensalzaron en una interminable discusión durante horas sin ponerse de acuerdo sobre cómo era el elefante.


Cada hombre podía "ver" en su mente sólo lo que podía sentir con sus manos. Como resultado cada uno se reafirmaba en que el elefante era como él lo sentía. Ninguno escuchaba a los otros.
Esos hombres estaban inmersos en un conflicto basado en la percepción (lo que creían "ver").

La Realidad y nuestra percepción
Cuando estamos dormidos, creemos que aquello que percibimos, eso es la realidad. Pero cuando comenzamos un trabajo de conocimiento de uno mismo, a partir de la auto observación en medio de los vínculos de nuestra vida cotidiana, podemos ir dándonos cuenta que tenemos un filtro mental que actúa en medio de la realidad y nuestra percepción de la misma.

(1)
Según como sea de flexible y amplio nuestro filtro mental, podremos abrirnos a una mirada más amplia de la realidad. Por el contrario, cuando hay rigidez y estrechez, será más limitada y deformada la percepción de la realidad. 

Entonces, miramos a través de experiencias del pasado, proyectando en el aquí y ahora, las creencias, pensamientos, traumas o heridas emocionales del pasado. Contactamos con la realidad a partir de lo percibido a través de estos filtros. 
Por ejemplo: si hay miedos acumulados, veré amenazas por todas partes. Si me creo "superior" a otros, me relacionaré desde ese lugar. Si me creo inferior otro/s, me relacionaré desde allí. Mientras uno crea que "eso es", se identifique con eso que "cree que es" (pensamientos, creencias, emociones) la realidad permanecerá distorsionada.
  
Además, a partir de lo que percibimos de la realidad de otras personas, de su modo de "ser en el mundo", podemos darnos cuenta de nuestros propios filtros. 
Por ejemplo, veo una mujer vive sola y que es independiente económicamente, y puedo darme cuenta que existe en mi el filtro que dice (a modo de creencia heredada, inconsciente) que "a una mujer la debe sostener económicamente un marido". Esta creencia filtrará la búsqueda de una pareja a partir de hombres que estén disponibles de mantener económicamente a una mujer, limitando y obstaculizando la búsqueda, la adaptación activa en la realidad aquí y ahora; pues sabemos que hace décadas esto era posible pero hoy cada vez hay menos hombres dispuestos a sostener económicamente a sus mujeres. 
(2)
Entonces, despertar implicará comenzar a observar estos programas y elegir soltar aquellos que nos limitan hoy, entregarlos al campo del Espíritu de Vida; y abrirnos a recibir de él, nuevas comprensiones que nos ayuden a leer la realidad aquí y ahora, y nos permitan adaptarnos activa y creativamente a esta realidad cambiante. 
Uno de estos programas que resulta limitante y enfermante, es el creerse víctima de la situación, del otro, de la sociedad, etc.; creer que nada podemos hacer, es sumamente paralizante. Cada uno, desde su lugar, puede aportar a la evolución de la humanidad, haciéndose cargo de si mismo, como adulto, con responsabilidad de llevar a cabo su propósito en esta experiencia humana que vinimos a experimentar aquí. 

(1) y (2) imagenes extraídas del libro "El poder de elegir", de Annie Marquier. Ediciones Luciérnaga.

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