sábado, 23 de mayo de 2015

Según cómo percibimos, creamos:

Una vez, a un hombre se le pinchó un neumático no muy lejos de una granja, en una remota zona agrícola. El hombre se dijo entonces a sí mismo:
—Allí hay una granja; estoy seguro de que deben de tener las herramientas que necesito para reparar la rueda. Mientras se dirigía caminando hacia la granja, pensó:
—Necesito absolutamente esas herramientas. Podría ser generoso y darle diez dólares al granjero por dejarme utilizarlas. Estoy seguro que me agradecerá el gesto.
Siguió caminando y pensó:
—Realmente este lugar está lejos y aislado. Si el granjero quisiera cobrarme 25 dólares por usar sus herramientas, tendría que pagárselos.
Más adelante pensó con cierta molestia: Estoy aquí abandonado. Si al granjero se le ocurre pedirme 50 dólares por dejarme utilizar sus herramientas, ¡no tendría más remedio que dárselos!
Cuando llegó a la granja y llamó a la puerta, estaba ya furioso.
Cuando el granjero abrió, el hombre le gritó:
—Bueno, ¿Cuánto me vas a cobrar por prestarme tus herramientas, sinvergüenza?
Podemos ver cómo este hombre, no sólo adoptó una actitud de acuerdo con el escenario que percibía, sino que de hecho, él mismo creó tal escenario.

Para meditar:
Las palabras que usas para describir tu experiencia crean tus creencias, y por lo tanto, tu realidad.

"Lo que creamos, es el resultado de lo que creemos" 

Edgard Bono