martes, 16 de diciembre de 2014

Todos estamos vinculados con todos y con Todo

En un oasis escondido en medio del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim se detuvo a abrevar sus camellos y lo vio transpirando, mientras parecía cavar
en la arena.
-  ¿Qué tal anciano? le dijo.
-  Muy bien -contestó Eliahu sin dejar su tarea.
-  ¿Qué haces aquí, con este calor, y esa pala en las manos?
-  Siembro dátiles -contestó el viejo.
-  ¡Dátiles! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Dime,¿cuántos años tienes?
-  Ochenta, pero eso, ¿qué importa?
-  Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos.
Aunque vivas hasta los cien años, difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que siembras. Deja eso y ven conmigo.
-  Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó
con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana
los dátiles que hoy planto... y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
Desconozco autor

Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra’»
Lc 10,21