martes, 8 de julio de 2014

Los Cuatro Acuerdos

Que nos permiten vivir más plenos y felices

Hay creencias que nos limitan para vivir con plenitud. Estos 4 acuerdos nos ayudan a liberarnos.

En su libro “Los Cuatro Acuerdos”, el Don Miguel Ruiz; nos enseña la sabiduría ancestral de los toltecas; un pueblo de cultura milenaria del centro de México, comparables a los Aztecas, aunque menos numerosos y también menos conocidos. Eran considerados "hombres y mujeres de conocimiento".
Él describe el conocimiento tolteca como una manera de vivir que se distingue por su fácil acceso a la felicidad y el amor.

Parte de la premisa que cuando somos niños, los adultos que nos rodeaban nos transmitieron creencias y maneras de comportarnos en sociedad: qué creer y qué no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es lindo y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto. Así es como aprendimos lo que sabemos hoy.

Y nos lleva a ver que nada elegimos: idioma, creencias, religión, nombres, conceptos, comportamientos sociales, etc.

El autor defiende el agradecimiento a lo recibido basándose en que nos ofrecieron lo mejor que supieron y pudieron. Nos enseñaron lo que sabían y aquello en lo que creían. Así que, teniendo en cuenta esto, hemos de agradecer lo recibido.

Lo cual no quita las personas, cuando vamos madurando, pongamos en cuestión muchas de las creencias que nos enseñaron, especialmente cuando no aportan a nuestro “estar bien” hoy.

Insiste en la idea de que fuimos enseñados en base al miedo, la culpa, la censura de que somos malos y hemos de ser buenos... etc.

Ahora bien, ¿cómo funciona esta "domesticación (enseñanzas recibidas) del individuo"?
La ATENCIÓN es la capacidad que tenemos de centrarnos en aquello que queremos percibir. Utilizando la atención aprendimos una realidad completa. Aprendimos cómo compórtanos en sociedad: qué creer y que no creer.
Nunca tuvimos la oportunidad de elegir que creer y qué no creer.
Ni siquiera elegir nuestro propio nombre.

Y toda esa información recibida, la hemos almacenado por acuerdo, hemos estado “de acuerdo” con esas costumbres y creencias.
Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos y actuamos en función a ello. A eso le llamamos Fe, tener fe es creer incondicionalmente.

Ejemplo, aprendemos a juzgar: Nos juzgamos a nosotros mismos, juzgamos a otras personas a nuestros vecinos, compañeros de trabajo, amigos...
A muchas personas les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales, porque esto es lo que recibieron como enseñanza.

Nos armamos un sistema de creencias, y aunque esté mal armado, nos sentimos culpables por lo que hacemos o dejamos de hacer de acuerdo a este sistema de creencias. Y éste es el que nos genera miedo.


Si observamos la sociedad humana, comprobamos que es un lugar en el que resulta muy difícil vivir, porque está gobernado por el miedo. En el mundo vemos sufrimiento, ira, venganza, adicciones, violencia en las calles, etc.

Debido a los acuerdos y creencias que hemos almacenado en nuestra mente, seguimos buscando la verdad afuera cuando todo ya está en nosotros.

No vemos la verdad porque estamos ciegos. Lo que nos ciega son todas esas falsas creencias que tenemos en la mente. Necesitamos sentir que tenemos razón y que los demás están equivocados. Confiamos en lo que creemos, y nuestras creencias nos invitan a sufrir.

Y si no nos cuestionamos estas creencias, no somos libres, sino esclavos de ellas.

Hemos aprendido a vivir intentando satisfacer las exigencias de otras personas. Hemos aprendido a vivir según los puntos de vista de los demás por el miedo a no ser aceptados y de no ser lo suficientemente buenos para otras personas.

Intentamos complacer especialmente a las personas que nos aman, como papá y mamá, nuestros hermanos o hermanas mayores, nuestros maestros, sacerdotes. Al tratar de ser lo suficientemente bueno para ellos, creamos una imagen de perfección, pero no encajamos en ella.

Nos da mucho miedo que alguien descubra que no somos lo que pretendemos ser. También juzgamos a los demás según nuestra propia imagen de perfección y, naturalmente, no alcanzan nuestras expectativas.

Nos da miedo expresar quienes somos realmente.

Nadie en toda tu vida, te ha maltratado más que tu mismo.

Si cometemos un error delante de los demás, intentamos negarlo y taparlo.

LOS ACUERDOS QUE SURGEN DEL MIEDO REQUIEREN UN GRAN GASTO DE ENERGÍA, PERO LOS QUE SURGEN DEL AMOR NOS AYUDAN A CONSERVAR NUESTRA ENERGÍA VITAL E INCLUSO A AUMENTARLA.

Si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por acuerdos y creencias recibidas que no nos hacen felices, necesitamos cambiar esos acuerdos y creencias.

Cuando finalmente estemos dispuestos a cambiarlos, habrá cuatro acuerdos que nos ayudaran a romper aquellos otros que surgen del miedo y agotan nuestra energía.

 EL PRIMER ACUERDO:
SÉ IMPECABLE CON TUS PALABRAS

El primer acuerdo es el más importante y también el más difícil de cumplir. Es tan importante que sólo con él ya serás capaz de alcanzar ¨El cielo en la tierra¨.

Este primer acuerdo parece simple, pero es sumamente poderoso.

TU INTENCIÓN SE PONE DE MANIFIESTO A TRAVÉS DE TUS PALABRAS. LO QUE SUEÑAS, LO QUE SIENTES Y LO QUE REALMENTE ERES, LO MUESTRAS POR MEDIO DE LAS PALABRAS.

Las palabras son una herramienta muy poderosa. Pero son como una espada de doble filo: Pueden construir el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea.
Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crean un infierno en vida.
El otro es la impecabilidad de las palabras, qué sólo engendrará belleza, amor...
Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que te imaginas.

Toda la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia y si las utilizas mal, se convierten en magia negra. Esta magia es tan poderosa, que una sola palabra puede cambiar una vida o destruir millones de personas. Hace años, en Alemania, mediante el uso de las palabras, un hombre manipuló a un país entero de gente muy inteligente. Los llevo a una guerra mundial sólo con el poder de sus palabras.
Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos de violencia. Activó el miedo de la gente y, de pronto, como una gran explosión, empezaron las matanzas y el mundo estalló en guerra.

Plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece. Las palabras son como semillas ¡y la mente humana es muy fértil!

Fíjate en el ejemplo de Hitler: Sembró todas aquellas semillas de miedo, que crecieron muy fuertes y consiguieron una extraordinaria destrucción masiva.

Debemos comprender cuál es el poder que sale de nuestra boca.

Una palabra es como un hechizo, y los humanos utilizamos las palabras como magos de magia negra, hechizándonos los unos a los otros imprudentemente.

Podemos imaginarnos como un mago y, por medio de las palabras, podemos hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo. Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones. Por ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión que se me acaba de ocurrir. Le digo: ¨¡Mmmm! Estás pálido, te veo color de enfermo”. Si escucha estas palabras, se lo cree y está de acuerdo, podría enfermarse en realidad. Ese es el poder de las palabras.

Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente y cambian, para bien o para mal, nuestras creencias.

SER IMPECABLE CON TUS PALABRAS ES NO UTILIZARLAS CONTRA TI MISMO. Si te veo en la calle y te llamo estúpido, puede parecer que utilizo esa palabra contra ti, pero en realidad la utilizo contra mí mismo, porque tú me vas a odiar por lo que dije y tu odio no será bueno para mí.

Si te amo tú me amarás, si te doy odio tú me odiarás. Acción y reacción. Si siento gratitud por ti, tu la sentirás por mí. Si soy egoísta contigo, tu lo serás conmigo.

Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía correctamente, en la dirección de la verdad y el amor por ti mismo.

Si llegas a un acuerdo contigo mismo para ser impecable con tus palabras, eso bastará para que la verdad se manifieste a través tuyo y limpie todo el veneno emocional que hay en tu interior. Pero llegar a este acuerdo es difícil porque hemos aprendido a hacer precisamente todo lo contrario. Hemos aprendido a hacer de la mentira un hábito al comunicarnos con los demás y, aún más importante, al hablar con nosotros mismos. No somos impecables con nuestras palabras.

MUCHAS VECES USAMOS LAS PALABRAS PARA MALDECIR, PARA CULPAR, PARA REPROCHAR, PARA DESTRUIR. EN GENERAL, UTILIZAMOS LAS PALABRAS PARA PROPAGAR NUESTRO VENENO PERSONAL: PARA EXPRESAR RABIA, CELOS, ENVIDIA Y ODIO.

Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los otros y nos mantenemos mutuamente en estado de miedo y duda.

Los chismes son magia negra de la peor clase, porque son puro veneno.
Aprendimos a contar chismes porque lo observamos en otros, lo internalizamos como una conducta normal,  y no cuestionamos.

Contar chismes se ha convertido en la principal forma de comunicación en la sociedad humana.

El chismorreo es comparable a un virus informático. Pero con una intención dañina. Uno ni se percata de ello pero es mucho el daño que hace.

Si eres impecable con tus palabras verás cuantos cambios ocurren en tu vida. En primer lugar, cambios en tu manera de tratarte y en tu forma de tratar a otras personas, especialmente a aquellas a las que más quieres.

La impecabilidad en tus palabras también te proporcionara inmunidad frente a cualquier persona que te lance un hechizo. Solamente recibirás una idea negativa si tu mente es un campo fértil para ella.

También el apóstol Santiago nos habla de la mala y la buena lengua: “Si alguien cree que es una persona religiosa, pero no domina su lengua, se engaña a sí misma y su religiosidad es vacía”. (Sant. 1,26).

Que su conversación sea agradable y no le falte su granito de sal. Sepan contestar a cada uno lo que corresponde.
Colosenses 4:6

TÚ DECIDES SI LLEGAS O NO A ESTABLECER UN ACUERDO CONTIGO MISMO: SOY IMPECABLE CON MIS PALABRAS. ESTE ES EL PRIMER ACUERDO AL QUE DEBES LLEGAR SI QUIERES SER LIBRE, SER FELIZ Y TRASCENDER EL NIVEL DE EXISTENCIA DEL INFIERNO.

Dile a tu ser que eres una persona maravillosa, fantástica. Dile cuánto te amas. Utilizas las palabras para romper todos esos acuerdos que te hacen sufrir.

Un par de cuentos muy atinados sobre este acuerdo:
Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.
Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo.
Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.
Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió.
Ella se desplomó y murió.
La otra rana continúo saltando tan fuerte como le era posible.
Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando.
 Pero la rana salto cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.
Cuando salió, las otras ranas le dijeron:
- "nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos".
La rana les explicó que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo!

Moraleja
1.- La palabra tiene poder de vida y muerte.
Una palabra de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día.
2.- Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentre desanimado puede ser lo que lo acabe por destruir.
Tengamos cuidado con lo que decimos.
3.- Una persona especial es la que se da tiempo para animar a otros.

Otro relato
Un sabio maestro se dirigía a su auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra, y el influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás. 
-Lo que usted dice no tiene ningún valor- lo interpeló un señor que se encontraba en el auditorio.
 El maestro le escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza: "Cállate, estúpido!! y siéntate, idiota"!!. Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varias imprecaciones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y le dijo: "Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo".  
El señor se calmó y le dijo al maestro: "Le entiendo, y también pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar otras opciones". 
El maestro le sonrió y le dijo: "Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto todos del modo más claro, el gran poder de las palabras: Con unas pocas palabras le exalté, y con otras pocas le calmé"
 
El chisme
 "Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en  casa; y  no  solamente  ociosas,  sino   también    chismosas    y entremetidas, hablando lo que no debieran" (1 Timoteo 5:13).
 
Soy más mortal que una bala de cañón. Derribo casas, quiebro corazones, ahondo vidas.  Viajo  en  las  alas  del  viento. No hay inocencia lo bastante fuerte para intimidarme, ni pureza lo bastante pura para desalentarme. No me importa la verdad, no respeto la justicia, ni tengo misericordia con los indefensos. Mis victimas son tantas como la arena del mar, y a menudo son también inocentes. Nunca olvido y casi nunca perdono. Me llamo chisme (Morgan Blake).
El vicio de hablar del prójimo, tejer comentarios prejuiciosos sobre  las  personas  que  conocemos,  sembrar  discordia  y provocar disensiones en general es  una  de  las  armas  más destructoras en el mundo en que vivimos. Y tanto hace mal a la persona de quien hablamos como a nosotros mismos. En realidad, al dar lugar al chisme, estamos sometiéndonos a lluvias de maldición sobre la cabeza. 
Nuestra boca, como hijos del DIOS de AMOR,  debe  ser  usada para bendecir, edificar, consolar, y para orar.   
No  tenemos  el derecho de acusar, de censurar, de tejer juicios personales. 
Dios es amor, y quien acusa  es  el  demonio.   
Fuimos llamados para  proclamar  la  Palabra  de DIOS y para impartir todo el bien que recibimos del Señor al abrir el corazón a Él. 
JESÚS vino a traernos VIDA en abundancia  y  anhela  que nuestro vivir y nuestro hablar ofrezca también  momentos  de PAZ y ALEGRÍA a todos los que están  a  nuestro  alrededor.  
Somos discípulos del Señor y, por eso, debemos  actuar  de  manera que engrandezca y glorifique SU nombre. 
En nuestras comunidades, ¿tenemos el hábito de hablar mal de las personas, de querer "juzgarlas"?  
Pidamos a Jesús que lo  modifique  y  que  de  nuestra  boca  salgan  apenas palabras de bendiciones, que construyan y no q destruyan.


SEGUNDO ACUERDO
NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE

Cuando estamos atrapados en nuestra mente y consideramos que todo gira a nuestro alrededor, cualquier cosa que se diga lo tomamos personalmente.
Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te lo tomes personalmente.
Creemos que somos responsables de todo. ¡Yo, yo, yo y siempre yo!
Todos vivimos en nuestra propia mente; los demás están en un mundo distinto de aquel en que vive cada uno de nosotros.
Cuando nos tomamos personalmente lo que alguien nos dice, suponemos que sabe lo que hay en nuestro mundo interno.
Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo, cuando alguien te insulta directamente, eso no tiene que ver contigo muchas veces.

Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los acuerdos que ha establecido en su propia mente. Por ejemplo si eres tranquilo, paciente y para él eso no es valorado, puede que te “etiquete” como un “flemático”.
Y la verdad es que se refiere a sus propios sentimientos, creencias y opiniones respecto a esa manera de ser.
Si esa persona lo dice despectivamente y si tu lo tomas personalmente, lo internalizas y se convierte en tuyo; te lo crees.
Hay gente que te atrapa fácil con una simple opinión, después te alimentan con el veneno que quieren, y como te lo tomas personalmente, te lo tragas sin darte cuenta.
Hay que estar muy despiertos porque si no, te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te lo tomas personalmente, serás inmune a todo veneno que te encuentres. Esa inmunidad es un don de este acuerdo.

Cuando te tomas las cosas personalmente, te sentís ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena porque sientes la necesidad de tener la razón y de que los demás estén equivocados. También te esfuerzas en demostrarles que tienen la razón dando tus propias opiniones.

Lo que dices, lo que haces y las opiniones que tienes se basan en los acuerdos que tu has establecido, y no tienen nada que ver conmigo.
Pienses lo que pienses, sientas lo que sientas, sé que se trata de tu problema y no del mío. Es tu manera de ver el mundo. Te refieres a ti mismo y no a mí.
Los demás tienen sus propias opiniones según su sistema de creencias. Sea lo que sea lo que la gente haga, piense o diga, no te lo tomes personalmente.
Únicamente si hacemos un inventario de nuestros acuerdos destaparemos todos los conflictos de la mente y con el tiempo llegaremos a extraer el orden del caos.

No te tomes nada personalmente por que si lo haces te expones a sufrir inútilmente.
Los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y distintos grados; nos apoyamos los unos a los otros para mantener esa adicción. Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir. Si tienes la necesidad de que te maltraten, será fácil que los demás lo hagan.

Del mismo modo si estás con personas que tienen necesidad de sufrir, algo en ti hará que las maltrates. Piden una justificación para su sufrimiento. Su adicción al sufrimiento no es más que un acuerdo que se refuerza a diario.

Vayas donde vayas, encontrarás gente que te mentirá, pero a medida que amplíes tu conciencia, descubrirás que tu también te mientes a ti mismo. No esperes que los demás te digan la verdad, porque ellos también se mienten a sí mismos. Tienes que confiar en ti y decidir si crees o no lo que alguien te dice.

Cuando realmente vemos a los demás tal como son sin tomárnoslo personalmente, lo que hagan o digan no nos dañará. Aunque los demás te mientan no importa. Te mienten porque tienen miedo.
Tienen miedo de que descubras que no son perfectos. Quitarse la máscara social resulta doloroso.
Si los demás dicen una cosa, pero hacen otra cosa, y tu no prestas atención a tus propios actos, te mientes a ti mismo.
Pero si eres veraz contigo mismo, te ahorrarás mucho dolor emocional. Decirte la verdad quizá resulte doloroso, pero no necesitas aferrarte al dolor.
La curación está en camino; que las cosas te vayan mejor es sólo cuestión de tiempo.

Si alguien no te trata con amor y respeto que se aleje de ti es un regalo. Si esa persona no se va lo más probable es que soportes muchos años de sufrimiento con ella.

PARA ELEGIR CORRECTAMENTE, MÁS QUE CONFIAR EN LOS DEMÁS, ES NECESARIO QUE CONFÍES EN TI MISMO.

Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitará muchos disgustos en la vida.
Tu rabia, tus celos, tu envidia desaparecerán, y si no te tomas nada personalmente, incluso tu tristeza desaparecerá.
Si conviertes el segundo acuerdo en un hábito, descubrirás que nada podrá volverte al infierno.

Escribe este acuerdo en un papel y engánchalo a tu heladera, en tu oficina en tu lugar de trabajo para recordarlo en todo momento: NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE.

Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan los demás. Basta que confíes en ti mismo para elegir con responsabilidad.
No somos responsables de los actos de los demás; sólo somos responsables de nuestros actos. Cuando comprendemos esto, de verdad, y nos negamos a tomarnos las cosas personalmente, será muy difícil que los comentarios insensibles o los actos negligentes de los demás nos hieran.
Si mantienes este acuerdo, viajarás por todo el mundo con el corazón abierto por completo y nadie te herirá. Dirás te amo, sin miedo a que te ridiculicen o rechacen. Pedirás lo que necesites. Dirás sí o dirás no. Lo que tú decidas, sin culparte ni juzgarte.

Sobre este acuerdo viene muy bien este relato:
Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes.
A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí.
Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha.
Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro.
Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-. Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.
Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?
El maestro les preguntó:
-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el
obsequio?
-A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.
-Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-. Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

“El que te insulta, no insulta sino la idea que él mismo tiene de ti, es decir, él mismo”. 
Villiers de l'Isle-Adam

EL TERCER ACUERDO
EVITA HACER SUPOSICIONES
El tercer acuerdo consiste en no hacer suposiciones.
Tendemos a hacer suposiciones sobre todo.
El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto.
Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan, nos lo tomamos personalmente y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras.
Todas las tristezas y los dramas que has experimentado tienen sus raíces en las suposiciones que hiciste y en las cosas que te tomaste personalmente.
Toda cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de suposiciones.
Producimos mucho veneno emocional haciendo suposiciones y tomándonoslas personalmente, porque por lo general empezamos a chismosear a partir de nuestras suposiciones.
Recuerda que chismosear es nuestra forma de comunicarnos y enviarnos veneno los unos a los otros.
Como tenemos miedo de pedir una aclaración hacemos suposiciones y creemos que son ciertas, después las defendemos, e intentamos que sea otro el que no tenga la razón, siempre es mejor preguntar que hacer una suposición, porque las suposiciones crean sufrimiento.

Sólo vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. No percibimos las cosas tal como son.
Tenemos la costumbre de fantasear sin basarnos en la realidad concreta.
Hacer suposiciones en nuestras relaciones significa buscarse problemas.
Hacer suposiciones en las relaciones conduce a muchos conflictos, dificultades y malentendidos con las personas que supuestamente amamos.
Muchas veces suponemos que la otra persona sabe lo que queremos.
El funcionamiento de la mente humana es bastante interesante. Necesitamos justificarlo, explicarlos y comprenderlo todo para sentirnos seguros.

Si los demás nos dicen algo hacemos suposiciones, y si no nos dicen nada también. Las hacemos para satisfacer nuestra necesidad de saber y reemplazar la necesidad de comunicarnos. Incluso si oímos algo y no lo entendemos, hacemos suposiciones sobre lo que significa, y después, creemos en ellas. Hacemos todo tipo de suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar.
Cuando creemos algo, suponemos que tenemos la razón hasta el punto de llegar a destruir nuestras relaciones por defender nuestra posición.

Suponemos que todo el mundo ve la vida del mismo modo que nosotros. Suponemos que los demás piensan, sienten, juzgan y maltratan como nosotros lo hacemos. Esta es la mayor suposición que podemos hacer y esta es la razón por la cual nos da miedo ser nosotros mismos ante los demás, porque creemos que nos juzgarán, nos convertirán en sus víctimas, nos maltratarán. Y nos culparán como nosotros mismos lo hacemos.
De modo que antes de que los demás tengan la oportunidad de rechazarnos, nosotros mismos ya nos hemos rechazado. Así es como funciona la mente.

También hacemos suposiciones sobre nosotros mismos y esto crea muchos conflictos internos. Por ejemplo, supones que eres capaz de hacer algo y después descubrís que no lo eres. Te sobreestimas o te subestimas a ti mismo porque no te has tomado el tiempo necesario para hacerte preguntas y contestártelas a ti mismo.

NO ES NECESARIO QUE JUSTIFIQUEMOS EL AMOR; ESTÁ PRESENTE O NO LO ESTÁ. EL AMOR VERDADERO ES ACEPTAR A LOS DEMÁS TAL COMO SON SIN TRATAR DE CAMBIARLOS. SI INTENTAMOS CAMBIARLOS SIGNIFICA QUE EN REALIDAD NO NOS GUSTAN.

Si no entiendes algo, en lugar de hacer suposiciones es mejor que preguntes y que seas claro. El día que dejes de hacer suposiciones, te comunicarás con habilidad y claridad, libre de veneno emocional. Cuando ya no hagas suposiciones tus palabras se volverán impecables.
Con una comunicación clara todas tus relaciones cambiarán, no sólo con tu pareja, sino también con todos los demás. No será necesario que hagas suposiciones porque todo se volverá muy claro. Esto es lo que yo quiero y esto es lo que tu quieres.

LO QUE REALMENTE HARÁ QUE LAS COSAS CAMBIEN ES LA ACCIÓN.


CUARTO ACUERDO
HAZ SIEMPRE LO MEJOR QUE PUEDAS

Sólo hay un acuerdo más, pero es el que permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se refiere a la realización de los tres primeros: Haz siempre lo mejor que puedas.

BAJO CUALQUIER CIRCUNSTANCIA, HAZ SIEMPRE LO MEJOR QUE PUEDAS, NI MÁS NI MENOS.

Pero piensa que eso va a variar de un momento a otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo mejor que podrás hacer tendrá una gran calidad y en otras no será tan bueno. Cuando te despiertas renovado y lleno de vigor por la mañana tu rendimiento es mejor que por la noche cuando estás agotado. Lo mejor que puedas hacer será distinto cuando estés sano que cuando estés enfermo.

Tu rendimiento dependerá de que te sientas feliz o disgustado, enojado o celoso.

En tus estados de ánimo diarios lo mejor que podrás hacer cambiará de un momento a otro de una hora a otra de un día a otro. También cambiará con el tiempo. A medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro nuevos acuerdos tu rendimiento será mejor de lo que solía ser.

Independientemente del resultado sigue haciendo siempre lo mejor que puedas, ni más ni menos. Si intentas esforzarte demasiado para hacer más de lo que puedes gastarás más energía de la necesaria y al final tu rendimiento no será suficiente.

Cuando te excedes agotas tu cuerpo y vas contra ti, y por consiguiente te resulta más difícil alcanzar tus objetivos.
Por otro lado si haces menos de lo que puedes hacer te sometes a ti mismo a frustraciones, juicios, culpas y reproches.
Limítate a hacer lo mejor que puedas, en cualquier circunstancia de tu vida.

No importa si estás enfermo o cansado, si siempre haces lo mejor que puedas, no te juzgarás a ti mismo en modo alguno.
Y si no te juzgas, no te harás reproches, ni te culparás ni te castigarás en absoluto.
Si haces siempre lo mejor que puedas, romperás el fuerte hechizo al que estás sometido.

Relato
Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que se fue a un templo budista para encontrar a un maestro que le ayudase. Se acercó a él y le dijo:
«Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?».
El maestro le miró y le respondió: «Si meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años».
El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación».
El maestro le miró y le respondió: «Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años».
«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?» Preguntó el hombre.
El maestro contestó: «No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás aquí para vivir, para ser feliz y para amar.
Si puedes alcanzar tu mejor nivel en dos horas de meditación pero utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo mejor que puedas y tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites puedes vivir, amar y ser feliz.

Si haces lo mejor que puedas vivirás con gran intensidad. Serás productivo y serás bueno contigo mismo porque te entregarás a tu familia, a tu comunidad, a todo. Pero la acción es lo que te hará sentir inmensamente feliz. Siempre que haces lo mejor que puedes, actúas.

HACER LO MEJOR QUE PUEDAS SIGNIFICA ACTUAR EN CADA MOMENTO COMO UN FIN EN SI MISMO; NO PORQUE ESPERAS UNA RECOMPENSA. La mayor parte de las personas hacen exactamente lo contrario: sólo emprenden la acción cuando esperan una recompensa y no disfrutan de ella. Y ese es el motivo por el que no hacen lo mejor que pueden.

Por ejemplo, la mayoría de las personas van a trabajar y piensan únicamente en el día de pago y en el dinero que obtendrán por su trabajo. Están impacientes esperando a que llegue el viernes o el sábado, el día en el que reciben su salario y pueden tomarse unas horas libres. Trabajan por su recompensa y el resultado es que se resisten al trabajo.

Intentan evitar la acción; ésta entonces se vuelve cada vez más difícil y esas personas no hacen lo mejor que pueden.
Trabajan muy duramente durante toda la semana, soportan el trabajo, soportan la acción, no porque les guste, sino porque sienten que es lo que deben hacer.
Tienen que trabajar porque han de pagar el alquiler y mantener a su familia.

Son personas frustradas, y cuando reciben su pago, no se sienten felices. Tienen dos días para descansar, para hacer lo que les apetezca, ¿y qué es lo que hacen? Intentan escaparse. Se emborrachan porque no se gustan a sí mismos. No les gusta su vida.
Cuando no nos gusta cómo somos, nos herimos de muy diversas maneras. Sin embargo, si emprendes la acción por la honestidad y continuar por puro placer de hacerlo, Haces lo mejor que puedes.

Te debes el aceptarte a ti mismo, tienes que arriesgarte a expresarte y aprender de tus errores.
Cuando haces lo mejor que puedes no parece que trabajes, porque disfrutas de todo lo que haces. Sabes que haces lo mejor que puedes cuando disfrutas de la acción o la llevas a cabo de una manera que no te repercute negativamente.
Haces lo mejor que puedes porque quieres hacerlo, no porque tengas que hacerlo, ni por complacer a los demás.

Si emprendes la acción porque te sientes obligado, entonces, de ninguna manera harás lo mejor que puedas. En ese caso, es mejor no hacerlo.
Cuando haces lo mejor que puedes, siempre te sientes muy feliz; por eso lo haces. Cuando haces lo mejor que puedes por el mero placer de hacerlo, emprendes la acción porque disfrutas de ella.

LA ACCIÓN CONSISTE EN VIVIR CON PLENITUD.

La inacción es nuestra forma de negar la vida y consiste en sentarse delante del televisor cada día durante años porque te da miedo estar vivo y arriesgarte a expresar lo que sos en verdad. Expresar lo que eres es emprender la acción.

Puede que tengas grandes ideas en la cabeza, pero lo que importa es la acción.
Una idea, si no se lleva a cabo, no producirá ninguna manifestación, ni resultados ni recompensas.

La historia de Forrest Gump es un buen ejemplo. No tenía grandes ideas, pero actuaba. Era feliz porque hacía lo mejor que podía en todo lo que emprendía. Recibió importantes recompensas que no había esperado. Emprender la acción es estar vivo.
Es arriesgarse a salir y expresar tu sueño. Esto no significa que se lo impongas a los demás, porque todo el mundo tiene derecho a expresar su propio sueño.

Hacer lo mejor que puedas es un gran hábito que nos conviene adquirir. Es una creencia, como cualquier otra de las que podemos elegir tener. Para mí, ducharse es un ritual; con esta acción le digo a mi cuerpo lo mucho que lo amo. Disfruto al sentir el agua correr por mi cuerpo. Hago lo mejor que puedo para que las necesidades de mi cuerpo se vean satisfechas, para cuidarlo y para recibir lo que me da.

En la India celebran un ritual denominado puja. En él toman unas imágenes que representan a Dios de muy diversas maneras y las bañan, les dan de comer y les ofrecen su amor.
Incluso les cantan mantras. Las imágenes no son importantes en sí. Lo que importa es la forma en que celebran el ritual.

Dejar ir al pasado y vivir el momento presente, aquí y ahora. Sea lo que sea que la vida te arrebate, permite que se vaya, suéltalo. Cuando te entregas y dejas ir el pasado, te permites estar plenamente vivo en el momento presente. Dejar ir el pasado significa disfrutar del sueño que acontece ahora mismo.

Si vives en un sueño del pasado, no disfrutas de lo que sucede en el momento presente, porque siempre deseas que sea distinto. No hay tiempo para que te pierdas nada ni a nadie, porque estás vivo. No disfrutar de lo que sucede ahora mismo es vivir en el pasado, es vivir sólo a medias. Esto conduce a la autocompasión, al sufrimiento y las lágrimas.

NACISTE CON EL DERECHO DE SER FELIZ.
NACISTE CON EL DERECHO DE AMAR, DE DISFRUTAR Y DE COMPARTIR TU AMOR.
ESTÁS VIVO, TOMA TU VIDA Y DISFRÚTALA.
NO TE RESISTAS A QUE LA VIDA PASE POR ENCIMA TUYO.

No necesitamos saber ni probar nada. Ser, arriesgarnos a vivir y disfrutar de nuestra vida, es lo único que importa. Dí que no cuando quieras decir que no, y dí que sí cuando quieras decir que sí.

Tienes derecho a ser tu mismo. Y sólo puedes serlo cuando haces lo mejor que puedes. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tu mismo. Esta es una semilla que deberías nutrir en tu mente.
No necesitas muchos conocimientos ni grandes conceptos filosóficos.
No necesitas que los demás te acepten.

Expresas tu propia chispa divina mediante tu vida y el amor por ti mismo y por los demás. Los tres primeros acuerdos sólo funcionarán si haces lo mejor que puedas.

No esperes ser siempre impecable con tus palabras. Tus hábitos rutinarios son demasiado fuertes y están firmemente arraigados en tu mente. Pero puedes hacer lo mejor posible. No esperes no volver nunca más a tomarte las cosas personalmente; sólo haz lo mejor que puedas. No esperes no hacer nunca más ninguna suposición, pero sí puedes hacer lo mejor posible.

Si haces lo mejor que puedas, hábitos como emplear mal tus palabras, tomarte las cosas personalmente y hacer suposiciones se debilitará y con el tiempo, serán menos frecuentes. No es necesario que te juzgues a ti mismo, que te sientas culpable o que te castigues por no ser capaz de mantener estos acuerdos. Cuando haces lo mejor que puedes, te sientes bien contigo mismo aunque todavía hagas suposiciones, aunque todavía te tomes las cosas personalmente y aunque todavía no seas impecable con tus palabras.

Si siempre haces lo mejor que puedas, una y otra vez, te convertirás en un maestro de la transformación. La práctica forma al maestro. Cuando haces lo mejor que puedes, te conviertes en un maestro. Todo lo que sabemos lo aprendimos mediante la repetición. Aprendimos así a escribir, a manejar e incluso a caminar... Somos unos maestros hablando nuestra lengua porque la practicamos. LA ACCIÓN ES LO QUE IMPORTA.

Si haces lo mejor que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es sólo cuestión de tiempo. No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias horas a soñar mientras meditas.
Debes ponerte en pie y actuar como un ser humano. Debes honrar al hombre o la mujer que eres.
Debes respetar tu cuerpo, disfrutarlo, amarlo, alimentarlo, limpiarlo y sanarlo. Ejercítalo y haz todo lo que le haga sentirse bien. Esto es una puja para tu cuerpo, es una comunión entre el universo y tú.

Cuando des amor a todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de amor en tu mente, y cuando crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu cuerpo inmensamente.

Cuando honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más en el infierno. Definitivamente, no.

Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas.
TRANSFORMAS EL INFIERNO EN CIELO.
El conocimiento está ahí; sólo espera a que nosotros lo utilicemos.
Los Cuatro Acuerdos están ahí; sólo tenemos que adoptarlos y respetar su significado y su poder.

Lo único que tenemos que hacer es lo mejor que podemos para honrar estos acuerdos.

Establece hoy este acuerdo: «Elijo respetar los Cuatro Acuerdos». Son tan sencillos y lógicos que incluso un niño puede entenderlos. Pero para mantenerlos, necesitas una voluntad fuerte. ¿Por qué? Porque vayamos donde vayamos descubrimos que nuestro camino está lleno de obstáculos. Todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos acuerdos y todo lo que nos rodea está estructurado para que los rompamos. El problema reside en los otros acuerdos que forman parte del sueño del planeta. Están vivos y son muy fuertes.

Por esta razón es necesario que seamos un gran cazador, un gran guerrero capaz de defender los Cuatro Acuerdos en nuestra vida. Nuestra felicidad, nuestra libertad, toda nuestra manera de vivir dependen de ello. El objetivo del guerrero es trascender este mundo, escapar de este infierno y no regresar jamás a él. La recompensa consiste en trascender la experiencia humana del sufrimiento. Esa es la recompensa.

Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos, necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. Cuando sentimos que no podemos, a levantarse y seguir adelante!. A no compadecerse, digámonos: «Si me caigo, soy lo bastante fuerte, bastante inteligente, puedo hacerlo.
El comienzo es duro y difícil... pero nuestra felicidad está en juego!

Cuando te caigas, no te juzgues; sé firme contigo mismo. Levántate y establece el acuerdo de nuevo: «Está bien, rompí el acuerdo de ser impecable con mis palabras. Empezaré otra vez desde el principio. Voy a mantener los Cuatro Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada personalmente, no haré suposiciones y haré lo mejor que pueda». Un km se empieza con el primer paso.

Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día, descubrirás que los Cuatro Acuerdos dirigen tu vida. Te sorprenderá ver cómo se ha transformado tu existencia.

Tu amor y tu respeto por ti mismo crecen incesantemente. Puedes hacerlo. Si otros lo hicieron, también tu puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día. Haz siempre lo mejor que puedas por mantener estos acuerdos, y pronto te resultará sencillo. Hoy es el principio de un nuevo sueño.

Un cuento sobre este último acuerdo:
Un hombre fue llamado a la playa para pintar un barco. Trajo con el, pinturas y pinceles, y comenzó a pintar el barco de un rojo brillante como fuera contratado para hacerlo. 
Mientras pintaba, verificó que la tinta estaba pasando por el fondo del barco.
Percibió que había un orificio y decidió repararlo. 
Cuando terminó la pintura, recibió su dinero y se fue. 
 
Al día siguiente, el propietario del barco busco el pintor y le regaló un gran cheque. 
El pintor quedó sorprendido. El señor ya me pagó por la pintura del barco!. 
Mi querido amigo, usted no comprende, déjeme contarle lo que sucedió. Cuando le pedí que pintase el barco, olvidé de hablarle del orificio. Cuando el barco se secó, mis hijos se subieron y salieron de pesca. Yo no estaba en casa en ese momento. Cuando volví y me di cuenta de que habían salido con el barco, quedé desesperado pues recordé que el barco tenía un agujero. 
 
Imagine mi alivio y alegría cuando los vi retornando sanos y salvos. Entonces,examiné el barco y constaté que usted lo había reparado!. 
¿Percibe ahora, lo que hizo?, salvó la vida de mis hijos! No tengo dinero suficiente para pagarle por su "pequeña" buena acción..... 

No nos limitemos a hacer apenas lo que se espera de nosotros, no importa para quien, cuando y de que manera, da lo mejor.... Siempre!

Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. 
Mt 10, 7
 
Texto inspirado y recreado por M. Guadalupe Buttera, a partir del libro “Los
Cuatro Acuerdos”, del Dr. Miguel Ruiz.