lunes, 7 de julio de 2014

Con Él se llega a tierra firme


 “Un día Jesús subió con sus discípulos a una barca y les dijo: “Pasemos a la otra orilla del lago”. Ellos partieron y mientras navegaban Jesús se durmió. Entonces se desencadenó sobre el lago un fuerte vendaval: la barca se iba llenando de agua y ellos corrían peligro. Los discípulos se acercaron y lo despertaron: “Maestro, Maestro! nos hundimos!”. Él se despertó e increpó a las olas; estas se apaciguaron y sobrevino la calma. Después les dijo: “Dónde está la fe de ustedes?” Y ellos llenos de temor y admiración se decían unos a otros: Quién es este que ordena incluso al viento y a las olas y le obedecen?” (extracto narrado Lucas 8, 22-25)

Cuantas veces las tormentas de la vida nos asustan y tememos quedarnos eternamente en ese lugar. Lo cierto es que nada queda quieto, todo está en movimiento, con lo cual, esta crisis o situación también pasará. Pasaremos esta tormenta y pisaremos de nuevo tierra firme. Si despertamos y nos encontramos con Jesús que está en nuestro interior llegaremos más fuertes y más lúcidos. Si de verdad queremos hacer el paso a la otra orilla contemos con Jesús porque nos cuida.

El Dios Todopoderoso vive dentro de cada uno de nosotros. Por eso, nuestros aparentes fracasos, nuestros miedos, angustias, inseguridades, pensamientos negativos, limitaciones, dolores, orgullo, dudas, críticas ajenas, no nos pueden jamás limitar. Nuestro verdadero yo está repleto de posibilidades porque está Dios mismo dentro nuestro y todo lo transforma en pensamientos de fe.

Pasamos por tormentas, crisis, pero nos quedamos allí atravesándolas sin huir ni desesperar, porque Dios, quiere nuestra Victoria y nuestro Mayor Bien, no nos quiere acobardados, ni fracasados ni infelices. Nos quiere navegando, fuertes en la fe.

Miremos hacia adelante siempre. Nadie que “pone la mano en el arado y mira hacia atrás” es apto para el Reino de Dios, nos lo dijo Jesús mismo.

Dios está con nosotros, nos acompaña y nos sana para mostrarnos no solo que las pruebas se superan con perseverancia, valentía y fe sino para que seamos bendición para otros.
Meditemos sobre nuestra vida para que el agua viva del Espíritu Santo que habita en nuestro interior comience a fluir, nos llene de la gracia necesaria para transitar nuestra realidad como se presente.

La realidad es que todos pasamos momentos difíciles en nuestra vida. Son nuestros Inviernos que nos obligan a abrigarnos y cuidarnos, pero siempre podemos salir fortalecidos de ellos, pasando hacia la Primavera que luce más bella y da más frutos.

Jamás nos gobernará el vaivén del viento y la marea si llamamos a Jesús, nos ponemos en Sus Manos y lo dejamos actuar. Él trae la calma cuando la barca de nuestra vida atraviesa fuertes vendavales. Con Él se llega a tierra firme.