viernes, 30 de agosto de 2013

Cada uno es responsable de su propio proceso de purificación

que comienza por nuestros vínculos primarios
A veces sucede que vemos a un otro que está mal, y queremos ayudarlo a toda costa... pero la ayuda es un arte; hay que saber que no podemos conectar con la vida a un otro, es un proceso personal e instransferible que cada uno debe abordar, sí podemos acompañarnos, guiar si nos piden ayuda para ello, brindar alguna información que puede ayudar al otro, pero la llave de nuestro corazón la tenemos cada uno de nosotros, se abre desde adentro y uno es quien decide cuándo se abre al Espiritu de la Vida para liberarse de esos hilos que nos atan y no nos permiten vivir con plenitud.

Cada uno es responsable de su propio proceso de purificación, que comienza por nuestros vínculos primarios; nadie puede hacerlo por un otro. Sí una madre o un padre puede trabajar por su hijo cuando son pequeños, pues si el hijo tiene algún problema este es un espejo de sus padres, y sus padres pueden, al hacerse cargo, liberar al hijo de la carga. Pero cuando somos adultos, cada uno es responsable por su propio proceso de liberación y reconexión con la Vida tal y como es.

El evangelio de hoy nos ilumina sobre esta reflexión:
"Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan...
No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis". Mt 25, 8-9

Cada uno, en su propio centro, conectado con el Espiritu de Dios, es testigo de su Luz y puede asi irradiar esa Luz Divina a otros.


En esta página encuentras ejercicios liberadores:
http://iluminarnuestrosvinculos.blogspot.com.ar/p/ejercicios.html
Adelante!