lunes, 14 de enero de 2013

Ver más allá de los accidentes...

Y leer el mensaje que ellos nos traen

Parece que algunas personas fueran “propensas a los accidentes” en tanto que otras andan por la vida sin hacerse jamás un rasguño.
Los accidentes son expresiones de cólera, que indican una acumulación de frutraciones en alguien que no se siente libre para expresarse o para hacerse valer. 
Indican también rebelión contra la autoridad. 
Nos enfurecemos tanto que queremos golpear a alguien y, en cambio, los golpeados somos nosotros.
Cuando nos enojamos con nosotros mismos, cuando nos sentimos culpables, cuando tenemos la necesidad de castigarnos, un accidente es la una forma estupenda de conseguirlo.
Puede que nos resulte difícil creerlo, pero los accidentes los provocamos nosotros; no somos víctimas desvalidas de un capricho del destino. 
Un accidente nos permite recurrir a otros para que se compadezcan o nos animen al mismo tiempo que curan y atienden nuestras heridas. Con frecuencia también tenemos que hacer reposo en cama, a veces durante largo tiempo, y soportar el dolor.
El sufrimiento físico nos da una pista sobre cuál es el dominio de la vida en que nos sentimos culpables. 
El grado de daño físico nos permite saber hasta qué punto era severo el castigo que necesitábamos, y a cuánto tiempo deberíamos estar sentenciados.
Luise L. Hay , en “Poder espiritual y salud” , Ediciones Urano.

El accidente es como una señal que algo es necesario cambiar en nuestras vidas.
Podemos mirar en nuestro interior y preguntarnos:

¿Qué me quiere advertir este accidente?
¿Qué aspecto de mi vida debo transformar?
¿A qué cambio de comportamiento me estoy resistiendo?
¿Tuve la intención de hacer daño a alguien?

No hay comentarios: