domingo, 18 de noviembre de 2012

La culpa que sirve a la vida...

Es aquel sentimiento que nos induce a dar algo bueno después de haber recibido algo bueno de otro

Culpables

Extraído de "Pensamientos de realización" Bert HELLINGER Ed. Rigden, 2009

“Sólo podemos sentirnos culpables en nuestras relaciones de dar y tomar. Nuestros sentimientos de culpa regulan esas relaciones de una manera que conduce a un equilibrio entre dar y tomar. En esa medida sirven a la vida y también al amor.

Esa culpa actúa de modo ligero como sentimiento. Pasa en cuanto tomamos lo que nos es regalado y en cuanto damos, después de haber recibido algo de otros. Lo que hemos recibido de otros no nos deja en paz, porque nos sentimos acreedores de ellos hasta que les devolvemos algo a cambio. O si no se lo podemos devolver, lo transmitimos en su sentido y en consonancia con ellos. Entonces desaparecen de inmediato nuestros sentimientos de culpa y nos sentimos ligeros y libres. Es decir, que, en todo, ambos permanecen en el amor.

¿Pero qué pasa cuando no se alcanza un equilibrio? Por ejemplo, si le hemos hecho algo a alguien por lo que está enfadado con nosotros. O si alguien nos ha hecho algo por lo que estamos enfadados con él. En este caso empieza una lucha por el poder, por el predominio sobre el otro con la idea del derecho al desquite, donde uno es mejor, porque tiene razón, y el otro peor, porque no la tiene.

Pronto ambos tienen malos pensamientos y malos sentimientos. Esos sentimientos a menudo permanecen incluso cuando el otro ya ofrece una reparación. Porque cuesta entregarse a la igualdad y al amor entre los dos.

¿Dónde está aquí la solución? ¿Estamos dispuestos a renunciar a ese sentimiento de superioridad aparejado con el sentimiento de tener razón de manera que el otro pierda su sentimiento de culpa?

¿También a la inversa, por supuesto, cuando el otro renuncia a su sentimiento de superioridad y, con él, acaso incluso a su exigencia de reparación, si está dispuesto a volver a encontrarse con nosotros de persona a persona, igual a nosotros en todo, incluso con esa culpa?

Sólo si ambos se sienten igualmente humanos, igualmente justos e injustos, dependiendo igualmente el uno del otro e igualmente dispuestos para un futuro común puede volver a empezar el amor y con él el intercambio de dar y tomar. El intercambio con aquella culpa leve que enriquece a ambos. Esta culpa une donde la otra separa.

En el Padrenuestro se describe ese proceso aplicado aquí a nosotros los humanos de igual a igual: “Perdona mi culpa como yo también perdono la tuya. Entonces ambos vuelven a ser iguales también ante Dios”

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