jueves, 11 de octubre de 2012

La sonrisa...

 Ese contacto espontáneo, natural, entre las personas...
"LA SONRISA", de A. de SAINT EXUPÉRY

Saint Exupery, el famoso escritor del principito, cuentan que una vez cayó prisionero, le confinaron en una celda, y así contó su experiencia:

-“Estaba seguro de que me matarían y me fui poniendo tremendamente inquieto, y busqué hasta encontrar en el fondo de mi bolsillo un arrugado cigarrillo, pero no tenía fósforos”.

-“Por entre los barrotes miré al carcelero que evitaba mirarme, porque seguramente ya me veía como a un cadáver y le pregunté”.

-¿Tiene fuego, por favor?

-Me miró y encogiéndose de hombros se acercó a encenderme el cigarrillo. Mientras me acercaba el fósforo, nuestros ojos se cruzaron, y yo sin saber por qué le sonreí, quizás fue por nerviosismo……

-“En ese instante fue como si se encendiera una chispa en nuestros corazones, en nuestras almas, éramos humanos. Sé que el no quería, pero mi sonrisa pasó a través de los barrotes, y provocó otra sonrisa en sus labios.

-¿Tienes hijos, preguntó?.

-Si, mira.

-Saqué las fotos de mi familia y el también sacó las fotos de sus hijos y me empezó a hablar de los planes y las esperanzas que ellos le inspiraban. A mi se me llenaron los ojos de lágrimas. Le dije que temía no volver a ver nunca a mi familia, no poder verlos crecer. A él, también se le humedecieron los ojos.

-De pronto, sin decir más abrió la puerta y me guió hacia la salida. Ya fuera de la cárcel, silenciosamente y por callejas apartadas, me condujo fuera de la ciudad. Allí, ya casi en el límite, me dejó en libertad y, sin una palabra más, regresó. ¡Aquella sonrisa me había salvado la vida!

Detrás de todas las defensas que construimos las personas para protegernos o para que nos vean de tal o cual manera, por debajo de todo eso, sigue estando, auténtico y esencial, lo que somos en verdad: nuestra alma.

Todas esas corazas que vamos construyendo nos distancian y nos alejan de la posibilidad de establecer un contacto real con un otro.


En cambio, cada vez que nos relacionamos desde esa parte profunda de nuestro ser, desde nuestra alma, no vemos a nadie como enemigos, ni sentimos miedo.

El relato de Saint-Exupéry nos habla de ese momento mágico en que dos almas se reconocen.

Claro que no es fácil lograr este tipo de relaciones en nuestro mundo actual. La podemos experimentar cuando nos enamoramos, y también cuando miramos a un bebé que, cuando nos sonríe, lo hace de forma totalmente auténtica y sin engaños.

Sonreíos los unos a los otros; sonríe a tu mujer, sonríe a tu marido; sonreíd a vuestros hijos, sonreíos sin que os importe a quién, y eso os ayudará a que crezca vuestro amor por el otro.
Madre Teresa de Calcuta

No hay comentarios: