sábado, 2 de junio de 2012

De pie... "Levantados"

Bert Hellinger: “Plenitud. La mirada del Nahual”,

“Levantados” p. 68

Aquel que se pone de pie se prepara para irse. Aquel que se pone de pie se levanta logrando su altura completa. Únicamente de esa manera se encuentra con los otros de igual a igual, constituyendo un opuesto par. Solamente habiéndonos levantado nos estrechamos la mano para un encuentro, para un acuerdo, para una acción en común.

De la misma manera en que nos levantamos físicamente, nos levantamos espiritualmente. Pensamos estando levantados espiritualmente, decidimos estando levantados espiritualmente, resolvemos levantados espiritualmente, nos oponemos a objeciones que nos impiden permanecer conscientes de nuestra grandeza, y respetamos la grandeza espiritual de aquellos que se han levantado de esa manera antes que nosotros y que han pensado, dicho o impuesto algo arriesgado.

Nos levantamos en contra de aquellos que buscaban ser nuestros tutores como si ellos estuvieran más levantados y nosotros ante ellos inclinados o incluso en el suelo. Los miramos frente a frente, mirándonos mutuamente a los ojos y esperamos para ver si pueden aguantar la mirada de los que se levantaron, o si de repente se levantan de otra manera, también ellos más allá de sí mismos.

Hablamos de un levantamiento cuando los sometidos se levantan en contra de aquellos que buscaban someterlos. En ese sentido, en Occidente también hubo un levantamiento espiritual, la Ilustración.

Continúa totalmente en acción, le falta mucho para llegar a la meta. Porque son fuerzas nuevas que se ubicaron en el lugar de fuerzas antiguas, esas antiguas que se consideraban más levantadas de forma que otros debían levantar la vista hacia ellas y debían someterse a su punto de vista. Engañaban con las promesas que no podían y no querían cumplir. Ante ellas nos levantamos sin estar en su contra. Si muchos se levantan junto con nosotros, se levantan por su propia fuerza, la Ilustración continúa y sigue ganando más espacio.

¿En qué ámbitos esa Ilustración es más necesaria? En primer lugar, en el ámbito de la salud. Nos defendemos contra pretensiones y amenazas que nos someten a una obligación sin que sea justificada. Por ejemplo, la obligación de vacunaciones, la obligación de cultivar determinados alimentos, muchos de ellos manipulados genéticamente, la obligación de exponernos a peligros cuyo final ya es previsible pero son mantenidos en secreto y disimulados. Por ejemplo, mediante ciertas antenas de transmisión o los desechos nucleares.

Además, la Ilustración es necesaria en el ámbito de las relaciones humanas. Cuántos hay bajo el hechizo de aquella conciencia que sigue siendo glorificada como la buena conciencia, a pesar de que todo lo que divide personas y pueblos son consecuencias de conceptos y acciones encubiertas por la buena conciencia. Son ofrecidas por ella al precio de la pérdida de pertenencia al grupo propio y, en caso de acciones contrarias, con la exclusión e incluso con la muerte.

Un tercer ámbito, acaso el más abarcador, en el que la Ilustración es necesaria son las religiones – las oficiales y las no oficiales. En ellas se manifiesta el poder de la buena conciencia de la manera más contraproducente, sobre todo porque en ellas se trata, más allá de la gracia y de la desgracia en la tierra, también de una así llamada gracia y desgracia eterna.

Aquí el movimiento occidental de la Ilustración ha logrado mucho. Pero también ella se encontraba y aún se encuentra bajo el hechizo de la conciencia. Esa Ilustración sigue pendiente para ella.

Todo tipo de ilustración requiere coraje. Sólo si realmente nos levantamos y, así, levantados, estamos dispuestos a mostrarla frente a otros, ella se puede imponer, imponerse sirviendo a la vida en todo el sentido de la palabra.

¿Cómo logramos ese levantamiento?
En sintonía con una fuerza creadora que nos supera a nosotros y a los otros, ante la cual claudican aquellas fuerzas que consideran poder elevarse por encima de esa fuerza.

¿Cuándo?
En la cima de su poder y cuando también nosotros, confiando en esa otra fuerza creativa, nos hemos levantado con coraje. Eso sí, con amor, con un amor valiente, levantados siendo uno con esas otras fuerzas.

“Plenitud. La mirada del Nahual”, Bert Hellinger, “Levantados” p. 68

«¡Ánimo!: yo he vencido al mundo»
Jn 16, 33

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