lunes, 9 de enero de 2012

La madre que ha abortado...

La madre que ha abortado, necesita tomar a su hijo como hijo, darle su lugar, reconocer lo que pasó y despedirse de él.


Gracias a lo aprendido con Bert Hellinger (*) puedo acompañar en mi consultorio a madres que han abortado (voluntarimanete o no) y necesitan elaborar ese pasado de sus vidas, para poder continuar libres de tanta carga y dolor.

Cuando la madre ha abortado de manera voluntaria, en un diálogo con ese hijo abortado, se hace cargo y le expresa (elije la frase que más resuene en tu alma):

Soy tu madre y te tomo como mi hijo.
Te rechacé como rechacé a tu padre. Ahora asumo las consecuencias de haberte matado...
Eres mi hijo nº…, tienes otros hermanos, mas grandes, mas pequeños. Tu padre es …
Ahora estás muerto, todo ha terminado para ti. Puedes descansar en paz

“Ahora te veo como mi hijo o mi hija. Soy tu madre. Te exigí que tú que mueras en mi lugar, y has muerto en mi lugar, para que yo viva. Gracias.
Ahora te tomo para siempre en mi corazón. Que descanses en paz. Te dejo ir. Yo elijo seguir viviendo”.

Cuando el aborto ha sido involuntario, la madre le expresa su amor de madre, su comprensión del sufrimiento que pasó, le dice su lugar entre sus otros hijos (hermanos del bb) y luego le permite descansar en paz.

Mientras los hijos abortados permanecen en secreto familiar y la responsabilidad no es asummida, esto no solo afecta a la madre y al padre (suelen tener conductas de autocastigo, inconscientes), sino también a todos los hermanos y a la generación siguiente, queriéndoles seguir en la muerte o en la exclusión.
De allí que es es esencial hacer este trabajo de re-conocimiento e inclusión de ese hijo en el alma familiar.

Gracias a los aportes y observaciones de este sabio filósofo alemán, hoy sabemos que basta con que este hijo sea mirado y reconocido como parte de la familia, para que todo el sistema familiar se alivie de la carga emocional que estas situaciones no resueltas generan.

Los abortos y embriones, una vez vistos y tomados en el corazón, están en paz con su destino. Ellos han muerto para que los demás vivan, para que sus padres o sus hermanos vivan.

Mirar con amor... hacerse cargo... dar un lugar en el corazón... y aceptar que nadie pudo ser diferente a como fue... desde ahí, es posible transfromar esa energía de muerte en energía al servicio de la Vida!

 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; 
convertíos y creed en la Buena Nueva»
Mc 1,15

1 comentario:

María dijo...

gracias...