viernes, 20 de mayo de 2011

Vivir desde el amor

Y no desde el miedo
Cuando un vínculo se vuelve profundo, íntimo, nos acercamos cada vez más, y aprendemos a relacionarnos desde el centro de mi ser hacia el centro de tu ser, entonces hay amor.
Y así, nos volvemos dichosos.
Claro que para lograrlo, hay que ser valiente y derribar las barreras que nos impiden “ser”.

Los vínculos humanos son un misterio, y depende de las dos personas en las que éste ocurre.
Allí donde uno se encuentra con otro, ya no es el mismo, algo nuevo ocurre.

Como bien nos enseña Osho: Sin relacionarte, eres una cosa; relacionado, inmediatamente te vuelves otra. Una cosa nueva ha sucedido, cuando una mujer se vuelve una amante ya no es la misma mujer, cuando un hombre se vuelve padre, ya no es el mismo hombre. Nace un niño, pero nos olvidamos completamente de una cosa: en el momento en que nace el niño, también nace la madre, esta no existía antes. Existía la mujer, pero no la madre. Y la madre es algo absolutamente nuevo.

Uno con otro creamos la relación y la relación nos re-crea también a nosotros.
Y como cada persona es un mundo, con su pasado, su historia, su anhelos más profundos, su presente, etc., los vínculos son complejos.

Al comienzo uno se relaciona desde lo más superficial, pero cuando ese vínculo crece en intimidad y profundidad, cuando aprendemos a vincularnos de ser a ser, el amor comienza a manifestarse.
Y ese otro ya no es uno más, el otro es importante para mí.

Claro que poder lograr un vínculo profundo es necesario estar dispuesto, abierto, libre de miedos que me impiden ser el/la que soy; y para esto hay que tener coraje.
Cuando hay miedo a ser rechazados, juzgados, abandonados, se hace difícil lograr un verdadero encuentro.

Estos miedos son barreras que nos impiden acercarnos, profundizar, contactar de ser a ser.
Y así, vivimos como cuidándonos uno de otro, protegiéndonos de ser heridos, dañados, manipulados; y a veces hasta creemos que esto es amor.

Vinculados desde la periferia sólo somos simples conocidos pero no una pareja.
Podemos vivir años juntos y no haber logrado conocernos verdadera y auténticamente uno al otro, desde el centro de mi ser hacia el centro de tu ser.

Relacionarnos desde la periferia es solo un acuerdo entre dos personas con miedo que dependen el uno del otro, peleando, manipulándose, controlándose, dominando, poseyendo, pero no es amor.

Claro que uno puede relacionarse desde el amor con otro, cuando internamente lo he aprendido hacer conmigo mismo. Es decir, puedo permitir que el otro me conozca íntima y profundamente, porque ya sé quién soy verdaderamente, me he aceptado y amado así tal y como soy, me he liberado de miedos; y esto me permite vivir orientado desde el amor y no desde el miedo.

Vivir desde el amor es también, vivir desde el presente, en el aquí y ahora, sin miedo al futuro, confiando plenamente que Algo Superior me ha guiado siempre y siempre me guiará.

Vivir desde el miedo es una gran pérdida de energía vital, porque uno está a la defensiva, calculando, planeando, poniéndose a salvo, intentando ocultar algo que no queremos mostrar, poniendo así barreras ante el otro.
Y así, la vida pasa…

Amar implica estar atentos aquí y ahora contigo, en este momento presente.
Si puedo conectarme con el presente, entonces el encuentro podrá suceder, y el amor podrá manifestarse.

Como vemos, el amor es posible lograrlo cuando hemos recorrido un camino de purificación de nuestras emociones, cuando ya no tengo miedo de ser lo que soy, cuando ya no tengo nada que ocultar, este/a soy, cuando he derrumbado las barreras que me permiten llegar al otro y mostrarme tal y como soy.

Y cuando uno se encuentra libre de miedo y con libertad de ser tal y como soy, esto se irradia, y contagio a otros a entrar en este estado de plenitud profunda. Genero confianza, el otro se permite también, ser el que es.
Y así, los dos somos libres, felices, y plenos.

El amor no lo podemos ver, pero si lo podemos percibir.
¿Cómo?
El signo del amor es la auténtica felicidad, ese brillo en la mirada que puedes percibir en la persona que lo ha logrado.
Cuando el amor es logrado, toda la existencia se vuelve divina y sentimos que todo es una bendición.
Claro que requiere mucho trabajo sobre uno mismo, y con el otro.

Para pensar:

Es difícil estar en contacto con lo universal. Es tan grande, tan vasto, tan sin principio ni fin...por dónde empezar? Por donde entrar? El individuo es la puerta. Enamórate.
Si puedes encontrar una mujer o un hombre que esté listo para moverse contigo hacia el centro interior, que esté listo para moverse contigo hasta la cumbre más alta de la relación, entonces esa relación se volverá meditativa. Entonces, a través de esa relación alcanzarás la relación suprema. Entonces el otro se vuelve sólo una puerta, una apertura a lo divino.
Y no hagas de ello una pelea. Haz de ello un profundo permiso para el otro, una invitación. Permite que el otro penetre en ti sin ninguna condición, y de pronto el otro desaparece y Dios está allí. Si tu amado no puede volverse divino, entonces nada en este mundo podrá volverse divino.
Haz nuevos esfuerzos. Trata de encontrar en el otro el ser real que está oculto. No des por sentado a nadie. Cada individuo es un misterio, tal que si sigues adentrándote en él más y más, es infinito...pero te aburres del otro porque estás solo en la periferia y siempre en la periferia...
Osho, El Amor.

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