jueves, 14 de abril de 2011

Las contrariedades, los obstáculos y las crisis


Son oportunidades para Despertar y Crecer 

Hoy es tiempo de ampliar nuestras conciencias,
calmar la mente agitada, limpiar las puertas de la percepción y restaurar la salud del ojo del corazón
mediante el cual nos volvemos más sabios y amorosos.

Las contrariedades, los obstáculos y las crisis son oportunidades disfrazadas que la Vida nos regala para que podamos crecer y evolucionar. Son mensajes implícitos que tenemos que aprender a decodificar.

Cuando nosotros nos permitimos transitar estos procesos con fe que “todo es para bien” (Rom 8,28), comprendemos el mensaje, y actuamos en sintonía con los valores universales (humildad, paciencia, prudencia, compasión, generosidad, justicia, orden, igualdad, libertad, fortaleza, templanza, armonía, bondad, benevolencia, sabiduría, amor) la Vida misma nos sorprenderá con un milagro.

Por el contrario, cuando nos resistimos tozudamente, los eventos se repetirán una y otra vez, y nos quedamos detenidos en un mismo lugar como el perro que se muerde su propia cola; porque no hemos realizado el aprendizaje que estas experiencias nos vienen a regalar.

Despiertos, atentos y conscientes podemos trascender el temor que nos provocan los obstáculos o las contrariedades y re-conocerlos como nuestros maestros, guías, verdaderos desafíos que nos ofrecen la oportunidad de re-conocernos, comprender algo nuevo, aprender, crecer, desplegarse, expandirse, evolucionar.

¡Adelante!


Ciertos eventos se repiten en nuestra vida porque no hemos realizado el aprendizaje que necesitábamos para nuestra evolución personal.
Cuando comprendemos el mensaje y trabajamos para aprender lo necesario, esos eventos dejan de repetirse, porque su misión ya está cumplida.


 

“Lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo...”
Jn 8, 28



Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, ni como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación.
Aceptarlo todo porque lo ves claro y ya nada ni nadie te puede engañar. Es despertar a la luz.
Anthony de Mello


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