martes, 11 de enero de 2011

Despertar y Re-Cordar la Verdad de Nuestro Origen Ü


Las Águilas que Creyeron que eran Pollos

Había una vez un granjero que estaba escalando una montaña y cerca de la cumbre encontró un nido de águila en el que había dos huevos. Los tomó, los llevó a su casa y los puso debajo de una gallina que estaba empollando sus propios huevos. Cuando todos nacieron, la gallina pensó que dos de ellos se veían un poco feos y torpes, pero ella sabía que era su madre y los amó y trató igual que a los demás.

Era una madre muy amorosa, diligente y trabajadora y sabía que era muy importante criar a sus polluelos del mismo modo que su madre la había criado a ella. También sabía que si sus polluelos querían salir adelante y ser productivos en el mundo de las gallinas, tendrían que recibir mucho entrenamiento. Lo primero que tuvo que enseñarles fue a buscar su propia comida manteniendo abajo su cabeza y escarbando continuamente en la tierra para encontrar gusanos y tiras de pasto. Por todo el gallinero siempre se podía escuchar a la mamá gallina recordándoles a sus polluelos:

- "Mantengan la cabeza abajo y busquen tiras frescas de pasto y gusanos. No es bueno que pierdan el tiempo mirando a ningún otro lado que no sea al suelo. Si quieren crecer para ser fuertes y exitosas, esa es la única forma de hacerlo".

La mamá gallina creía que la granja era todo lo que existía y no había nada fuera de la cerca que rodeaba el gallinero que fuera de importancia. De hecho, ella creía que cualquiera que estuviera fuera de la cerca estaba en grave peligro y podría encontrar una muerte segura. Su madre le enseñó esto a ella y, por supuesto, esa era La Verdad, Su Verdad.

Un buen día consideró que sus polluelos ya habían crecido lo suficiente como para enseñarles a volar. Pero cuando las águilas bebés batieron sus alas se elevaron muy alto y su madre las regañó por hacer quedar mal a sus hermanos y hermanas dado que las gallinas de la granja sólo podían volar tan alto como las ramas bajas del viejo roble del gallinero.

Una de las jóvenes águilas exclamó:

- "Yo sé que puedo volar muy alto, mami, por favor déjame practicar para que te pueda mostrar".

La madre gallina se molestó mucho y le dijo a la joven águila que era ridícula y que debería dejar de soñar con lo imposible:

- "Todo el mundo sabe que la cosa más importante para las gallinas es mantener la cabeza abajo y siempre buscar comida, ¡es la única forma de ser una gallina!".

Más tarde, la joven águila le dijo a su hermano mayor:

- "Yo sé que podríamos volar muy alto si tan solo practicáramos. ¿Por qué no probamos esta noche cuando todos estén durmiendo y vemos qué tan alto podemos ir?".

Su hermano, estupefacto, dijo:

-"¿¡Estás loca!? A mamá no le gustaría eso. No seas ridícula, somos gallinas y las gallinas no vuelan alto".

Por más que trató de convencer a su hermano mayor, éste rehusó escucharla porque temía disgustar a su mamá, sin mencionar siquiera al resto de su familia y amigos. "Además", pensó, "todo el mundo sabe que las gallinas no pueden volar alto".

Y fue así como la joven águila se pasaba las noches soñando con volar y pasaba el día mirando hacia el cielo.

Un día miró arriba y vio un ave volando más alto de lo que jamás imaginó que alguien pudiera volar, y gritó emocionado:

-"¡Mamá, mira! ¿Qué es eso?".

Su madre le dijo:

-"Es un águila, hija, las águilas vuelan alto en el cielo y nosotros las gallinas permanecemos aquí abajo mirando siempre al suelo. Deja de perder el tiempo mirando hacia arriba y soñando tanto. ¿Por qué no puedes ser como tus otros hermanos?".

Pero la joven águila no podía quitarse de la cabeza la visión de aquella maravillosa águila volando muy alto en el cielo y fue entonces cuando decidió escabullirse cada noche a practicar el vuelo mientras todos dormían. Le asombró la rapidez con que aprendió a volar por encima de la granja, y se maravilló ante la constatación de que la granja no era lo único que había en el mundo. Había muchas montañas y ríos que no podían verse desde el gallinero. Se sintió muy libre volando alto y le impresionó lo fácil que era remontarse en el cielo cuando el viento soplaba fuertemente contra él. El mundo era mucho más grande de lo que jamás había imaginado y esta constatación hizo pedazos todas sus creencias acerca de la realidad. ¡Lo que su madre le había enseñado no era la Verdad!

Estaba tan abrumado por la dicha que decidió volver a hablar con su madre, pero ella se desilusionó muchísimo y llorando de frustración le dijo:

-"¿Por qué siempre vas en contra de mis deseos? Todo lo que he hecho es amarte y protegerte. Te enseñé a ser una gallina exitosa y productiva y sin embargo rehúsas escucharme. Si insistes en ese sinsentido no podrás seguir perteneciendo a esta familia. Si no quieres ser como nosotros, entonces no puedo ayudarte. Más bien deja de hacer quedar mal a tus otros hermanos con ese comportamiento. ¿Qué van a pensar los vecinos?".

La joven águila debía elegir. ¿Escogería realizar su mayor deseo: ser libre y experimentar todo lo que había en la vida? Sabía que su madre estaba haciendo lo mejor que podía, pero ella partía de un punto de miedo. Así que un día voló lejos y conoció otras águilas como ella y surcó los cielos muy altos sobre la Tierra. Su hermana mayor, en cambio, se quedó en la granja, temió asumir su grandeza y prefirió la seguridad, el amor y la aprobación de su familia y amigos. Murió pensando que era una gallina.

Así pues, ¿deseas ser libre como la joven águila, volando más alto de lo que jamás imaginaste? ¿O prefieres comprometer la grandeza de tu ser cediendo para ganar amor, aprobación y sentimiento de seguridad? ¿En qué áreas de tu vida sigues cediendo? Pregúntate esto cada día.

¡Es hora de despertar a la verdad de quien realmente eres! Hij@ de Dios Creado a Su Imagen y Semejanza.

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí,
no es digno de mí»
Mt 10,37


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