lunes, 29 de noviembre de 2010

Hacia una serena afectividad en la pareja

Que no pierde romanticismo



“Construir relaciones personales de calidad, especialmente una relación de pareja auténtica, comprometida, que integre todos los elementos importantes de la vida personal: las pasiones, los instintos, el deseo sexual, en una relación simétrica, respetuosa, en libertad y profunda”.
Ricardo Capponi

Se han realizado investigaciones científicas en que se les mostraba fotos del ser amado a parejas recientes y a otras que declaran estar más de 20 años enamoradas, y se encontró que las regiones que se activaban eran muy similares. No obstante, mientras que en las primeras predominaba el funcionamiento de las áreas relacionadas con la obsesión y la ansiedad, en las otras sobresalían las zonas asociadas a la calma y supresión del dolor. Los autores concluyen que, los que llevan décadas juntos, van desarrollando una relación profunda; pero, sin que dejen de movilizarse aquellas otras asociadas al amor romántico.

Los vínculos amorosos son dinámicos
Ahora bien, como sucede con todo, los vínculos amorosos son dinámicos y van cambiando con el paso del tiempo. Así, en una pareja, con el transcurso de la convivencia, se va modificando el estado de novedad inicial que representaba el amado y que significaba emociones de anticipación gozosa, hacia sentimientos de bienestar, comodidad, seguridad, pertenencia. Por otro lado, va perdiendo fuerza el romanticismo y no estamos ciegos a los defectos del otro, apareciendo también, diferencias de gustos y de intereses.

Desde la pasión hacia la madurez afectiva
Entonces nos encontramos ante la disyuntiva de creer que el amor se nos está muriendo - distanciándonos de nuestra pareja hasta eventualmente separarnos - o bien, podemos apelar a la madurez emocional y darnos el tiempo necesario como para que se generen otras sensaciones propias de los vínculos de larga data las que, si bien son más suaves que las anteriores, son mucho más profundas, duraderas y beneficiosas para nuestra salud.

Que implica mayor confianza, complicidad, comunicación más fluida y compromiso
Todos los cambios que se van suscitando no significan que el amor esté desapareciendo, sino que lentamente vamos evolucionando hacia otro tipo de amor, hacia una afectividad más serena, madura, en que se siente que todo está bien, donde se disfrutan otras vivencias, domina una mayor confianza, complicidad, comunicación más fluida y compromiso con proyección a futuro.

Pertenencia, estabilidad y seguridad, que pueden prolongarse toda la vida
Es real que a medida que una relación de pareja avanza, la pasión disminuye, dando paso a una nueva fase del cariño y de la ternura, más madura y que trae aparejado pertenencia, estabilidad y seguridad, que pueden prolongarse toda la vida. Esto está íntimamente relacionado con nuestra necesidad humana de desarrollar profundos lazos afectivos, sensación de pertenencia y estabilidad a largo plazo. Esta necesidad cumple la función de promover el deseo de permanecer unido a la persona amada, lo que permite la continuidad del vínculo amoroso más allá de la pasión.

La vida sexual y afectiva de una pareja transita fases progresivas y consecutivas
La ciencia ha demostrado que en la vida sexual y afectiva de una pareja se distinguen tres fases progresivas consecutivas - aunque parcialmente sobrepuestas – cada una más compleja que la anterior, las cuales utilizan circuitos neuronales relativamente independientes, pero interconectados de manera tal que pueden interactuar entre sí y funcionar en forma conjunta. Consisten en tres mecanismos emocionales básicamente disímiles, regulados hormonalmente por distintas sustancias químicas. Los hallazgos mencionados han permitido responder a aquella larga interrogante histórica relativa a si el enamoramiento y el amor son lo mismo. Lo que se ha podido demostrar es que se trata de condiciones sustancialmente diferentes; es decir, la pasión sexual y el amor romántico no son estados equivalentes al amor perdurable.

Darse el tiempo y estar abiertos a pasar a una etapa siguiente
En conclusión, gracias a las neurociencias ahora sabemos que sí es factible mantener un amor romántico maduro durante toda la vida. El factor madurez se refiere a estar dispuestos a darse el tiempo para que se establezcan nuevas rutas neuronales y a estar abiertos a pasar a una etapa siguiente, sin aferrarse a mantener a toda costa las sensaciones del inicio de la relación, aunque tampoco resignándose a que ya nunca se van a volver a experimentar ninguna de las satisfacciones anteriores.

Es la clave de la madurez afectiva
Dicha madurez implica también haber aprendido que nuestro organismo biológicamente no puede mantener funcionando mucho tiempo sus centros del placer induciendo esas sensaciones de tan alta intensidad como en la fase inicial del romanticismo, sin caer inevitablemente en un estado de acostumbramiento.

Para reflexionar
En la medida que conozcamos estas dinámicas de nuestro organismo humano, posiblemente aumente la cantidad de parejas que logren avanzar hacia ese amor más sosegado donde se consolidan los sentimientos más duraderos y donde se puede alcanzar una profunda intimidad emocional. A este tipo de amor sexual maduro se refiere Ricardo Capponi (psiquiatra) al cual describe como el haber podido “construir relaciones personales de calidad, especialmente una relación de pareja auténtica, comprometida, que integre todos los elementos importantes de la vida personal: las pasiones, los instintos, el deseo sexual, en una relación simétrica, respetuosa, en libertad y profunda”.

La espiritualidad nos ilumina el camino
«Estad alerta, no os dejéis engañar»
Lc 21,8

La relación de pareja es un jardín
que requiere ser regado con cariño cada día.

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