domingo, 26 de junio de 2011

Aprendiendo a desarrollar...



Disfrutar de cada instante sólo es posible con unas dosis de paciencia,
virtud que podemos desarrollar y que nos permitirá vivir sin prisas.

Todos los días nos enfrentamos a diferentes tipos de experiencias que pueden provocarnos enojo, frustración o impotencia. Y en nuestra cultura actual donde todo tienen que ser “ya” queremos que las cosas salgan bien, rapidito y sin problemas.

La “paciencia”, “ciencia de la paz” parece ser una virtud olvidada hoy, y tiene que ver con la tolerancia, la comprensión, el poder soportar las adversidades con fortaleza, sin lamentos infantiles, teniendo uno mismo el control sobre la propia conducta para actuar de la manera más adecuada en cada situación.

Claro que tener paciencia no tiene que confundirse con ser pasivos ante un problema que requiere solución, ni tiene que ver con aguantar o no reaccionar.

La paciencia nos conduce aceptar con serenidad las pruebas de la vida, grandes o pequeñas, sabiendo que detrás de ello hay algo que aprender para seguir evolucionando.

La paciencia nos enseña a darnos tiempo para escuchar, razonar y en su momento actuar o dar nuestra opinión, sin desesperarnos. La paciencia es un rasgo de la personalidad madura, aquella que ha comprendido que no es posible controlarlo todo, que hay situaciones que se escapan de nuestro control y a las cuales hay que darles tiempo.

La persona que ha desarrollado esta virtud tiene suficiente sensibilidad que le permite identificar los problemas, contrariedades, alegrías y triunfos del día a día y afrontar la vida de una manera optimista y tranquila; porque sabe que “todo es para bien” (Rom 8,28).

La paciencia nos trae recompensas positivas y nos ayuda a crecer como personas y mejorar nuestros vínculos con los padres, la pareja, los hijos, los compañeros de trabajo; amistades; etc. Necesitamos desarrollar la paciencia sobre todo si, por cualquier motivo, hemos de ayudarles en su formación, o en su enfermedad.

El discernimiento y la reflexión nos ayudarán a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Esperar un tiempo, sonreír, dar una contestación asertiva ante una impertinencia pueden hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas.

Desarrollar la paciencia es darse a sí mismos más opciones y mayor libertad de manejar más efectivamente cada situación que se presenta. Tener paciencia amplía nuestra visión y perspectiva, porque nos ayuda a ver las situaciones de manera más amplia y evita bloqueos ante los problemas o dejarnos llevar por un arranque emocional.

¿Qué podemos hacer para practicar la paciencia?
Respiremos profunda y conscientemente: cuando sentimos que todo empieza a salirse de control, dejemos ir nuestra impaciencia en un respiro profundo. Luego cuando ya estamos más tranquilos concentrémonos en tratar de ver el lado positivo de la situación.

Aprendamos a disfrutar de los “tiempos muertos”: estamos acostumbrados a hacer muchas cosas a la vez y no queremos perder ni un minuto. Pero hay ocasiones donde es necesario relajarse y apreciar detalles simples de la vida; y en lugar de verlo como un tiempo perdido podemos aprovecharlo para pensar, organizarnos y tomar fuerzas para seguir adelante.

Tomemos conciencia que todo acto tiene sus consecuencias: cuando estemos a punto de perder la paciencia recordemos que todo lo que hacemos tiene sus consecuencias: ¿qué va a pasar después?, ¿voy a afectar a alguien?, ¿realmente esa persona es culpable de lo que me pasa?, ¿así se va a solucionar la situación?, ¿cómo me voy a sentir después?, etc.

Cuidémonos a nosotros mismos: disfrutemos del descanso placentero, la buena alimentación, aprovechemos esos momentos gratificantes que nos ayudan a recuperar fuerzas y sentirnos físicamente bien cada día.

Establezcamos prioridades y límites: pongamos límites al uso diario de la computadora o la televisión, decidámonos a leer un buen libro o simplemente tomarnos un tiempo de descanso, para que podamos sentirnos bien con nosotros mismos y así, podamos re-conectar con nuestros seres queridos y disfrutar con su compañía. Establecer límites nos ayuda a responder hábilmente a todas nuestras necesidades humanas, y así, es posible desarrollar la paciencia

Síntesis
La paciencia nos permite ver con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos.

Para reflexionar
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Proverbio persa

La espiritualidad nos ilumina el camino
“Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”
Lucas 21, l9
«Ten paciencia conmigo»
Mt 18,26.29

Ten paciencia. La vida es corta. 
No la amargues con ideas retorcidas. 
Piensa que todo llegara. 
Bert Hellinger

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