viernes, 12 de marzo de 2010

Sobre la voluntad de destrucción


Que se expresa en diferentes niveles










   "El sentimiento de superioridad fomenta los grandes conflictos.
La humildad es la que establece la paz profundamente.
Porque ella nos permite quedar abajo, entre todos.
Sólo abajo, quedamos iguales entre todos.
Con benevolencia, nos mantenemos iguales, con respeto mutuo y amor"
Bert Hellinger


Relato
Chile ha sufrido un terremoto devastador en su país, y a través de los medio de comunicación observamos que se dan situaciones en las que las personas se aseguran su supervivencia a cuesta de otras; generando así, grandes conflictos en la población.
Por su parte, en Argentina podemos observar esa misma voluntad de destrucción pero en otros niveles; por ejemplo en las confrontaciones políticas que no lograr llegar a un acuerdo, permaneciendo en una situación de conflicto permanente.

Cuando la vida se ve amenazada
Ante situaciones donde la vida se ve amenazada, algunas personas reaccionan huyendo, otras agrediendo a otro/s para obligarle a huir o para apropiarse de él.
¿Qué habría detrás de esta última conducta?
Estas conductas se alimentan esencialmente del deseo de supervivencia.
Y esta necesidad de despejar el camino de la presencia de algo o de alguien es la forma más extrema de la voluntad de destrucción.

Emerge un deseo de supervivencia
Estos conflictos, ¿serán in-humanos o serán parte de la misma condición humana?
Lo cierto es que ante situaciones extremas, pareciera que no es posible evitarlos, verdad?
Y como los conflictos por un lado aseguran la supervivencia, pero por otro también la ponen en peligro, la humanidad ha establecido leyes y contratos para resolverlos y asegurar la convivencia social.

El orden legal
De esta manera se establece un orden exterior, jurídico, que puede ser cumplido por miedo al castigo o a la exclusión de la comunidad, o bien por un respeto consciente y responsable.
Este orden, al ser impuesto exteriormente, suele generar luchas y conflictos; pero lo cierto es que está al servicio de la supervivencia de la sociedad y de cada uno de sus miembros.

Impone límites a la voluntad de destrucción
Este orden jurídico-legal impone límites a la voluntad de destrucción y protege a las personas; pero hay situaciones límites donde estas fuerzas del orden colapsan y emerge ese instinto destructivo primario, con consecuencias devastadoras.
Esta voluntad de destrucción obra cuando hemos perdido el horizonte, cuando en vez de la búsqueda en común de la mejor solución, en vez de una observación y prueba en común, orientadas hacia lo concreto, las personas del grupo opositor son insultados con improperio y calumnias. Un exterminio moral que declara enemigo al otro, con las consecuencias que esto provoca en toda la sociedad.

Pero en nombre de la “justicia”
Los ciudadanos quedamos expuestos al conflicto sin siquiera poder participar en ello; surgiendo el peligro que también las personas sientan este deseo destructivo y respondan de la misma manera.
Estas confrontaciones emergen, como decíamos, de la necesidad de supervivencia, y además, por la necesidad de justicia.

Suele activarse venganza y destrucción
Y acá cabe preguntarse ¿es un bien máximo este tipo de justicia que intenta devolver mal por mal?; ¿es un tipo de justicia que intenta justificar la venganza?, o ¿será la justicia un bien mayor solo cuando ésta al servicio de la vida de todos los seres humanos?
Suele ocurrir que la voluntad de supervivencia, de destrucción y el deseo de venganza se activan de tal manera que acaban por generar un daño mayor al recibido, generando a su vez, lo mismo en el otro. Un verdadero círculo de odio que no hace bien a nadie!
Y así, el conflicto continuará sin fin.

El sentimiento de superioridad
Detrás de todo esto, también está latente el sentimiento que uno es superior al otro.
Este sentimiento de superioridad fomenta los conflictos.
En la vida cotidiana también podemos observar cómo estos sentimientos afloran en las relaciones humanas. Por ejemplo cuando se ataca a personas que piensan o que actúan de forma diferente a lo que nosotros lo haríamos. Y si los disidentes son vistos como un peligro se origina la pelea desde la creencia que es “bueno” lo que se hace, aún generando daño en el otro.

Fomenta los grandes conflictos
Otro ejemplo de conflicto difícil de resolver que podemos observar en los grupos humanos es el que emerge frente al surgimiento de “lo nuevo”. Cuando surge algo nuevo, lo establecido se moviliza y requiere que las personas que pertenecen al grupo hagan lugar para lo nuevo, re-estructurándose y re-organizándose. Muchos grupos desaparecen en el intento porque no logran transitar este proceso de des-integración y nueva estructuración.

Síntesis
La humanidad transita un momento donde el conflicto parece no tener fin; y en nombre de la “justicia” con frecuencia, se sacrifican víctimas e inocentes.
Albert Einstein ha concluido que ningún conflicto se resuelve verdaderamente en el mismo nivel que se originó.
Por ello, para salir del círculo sin fin, habrá que ampliar la mirada y ver más allá; expandir nuestras conciencias y hacer realidad el gran aprendizaje pendiente que es “el camino de la humildad”. Porque solo ella es la que nos permite mantenernos iguales entre todos, con benevolencia, respeto mutuo y amor. ¡Que así sea! =)

Para reflexionar
“El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad”
Ludwig van Beethoven (1770-1827) Compositor y músico alemán.

La espiritualidad nos ilumina el camino
“La virtud es para dar testimonio.
Responde al mal con el amor y la paciencia”
Catalina de Siena

1 comentario:

Anónimo dijo...

Le agradezco al SEÑOR DIOS por enviarnos "PERSONAS" como vos a entender : el Arte de VIVIR, que es su Don de Creación.GRACIAS por ser dócil al Espiritu Santo .Soy Mabel Agustina, de Bella Vista Ctes. Me orientás en este largo caminar ...por la Vida