jueves, 14 de junio de 2007

Echar a volar

Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó a uno de sus hombres para que los cuidara.
Pasado un tiempo, el instructor comunicó al rey que uno de los halcones estaba ya perfectamente entrenado, pero al otro no sabía qué le pasaba, pues desde el primer día estaba posado en una rama y no había forma de que echara a volar, hasta el punto de que tenían que llevarle su alimento a ese lugar.
El rey mandó llamar a varios curanderos y sanadores, pero nadie lograba hacer volar a aquel pequeño animal.
Pidió consejo a otros sabios de la corte, pero no hubo forma de moverlo de allí.
Por la ventana de una de sus habitaciones, el monarca podía ver que el halcón permanecía inmóvil.
A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines. «¿Cómo lo han conseguido?
Traedme al autor de ese milagro», dijo el rey.
Enseguida le presentaron a un sencillo campesino.
«¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso?». Aquel hombre contestó: «Alteza, lo único que hice fue cortar la rama sobre la que reposaba.
El pájaro no tuvo más remedio que empezar a emplear sus alas y echar a volar.»

Cuando se facilitan demasiado las cosas a los niños o a los jóvenes, cuando los adultos se adelantan siempre a resolverles sus problemas, o a protegerles de cualquier peligro, o a satisfacer en seguida sus demandas, o a darles la razón en cualquier conflicto con sus amigos o en la escuela, se dificulta su desarrollo y se fomenta su indiferencia y su pasividad.

Aprender a decir que no, o a decirse a uno mismo que no, es parte importante de la educación.

Sobre todo cuando se vive en una sociedad en la que el progreso económico ha llevado a la gente a vivir demasiado expuesta a la industria del consumo.

Por eso ha llegado a decir Susanna Tamaro que «para ser padre hoy en día hay que ser un héroe y atreverse a decir que no. La clase dirigente del mañana serán los niños a los que se les haya dicho que no. Serán los únicos que habrán conservado la capacidad autónoma de pensar.»

El futuro de mucha gente depende de que en la familia y en la escuela seamos capaces de resistir frente a esas oleadas de deseos y de falsas necesidades que despierta y explota el marketing consumista.

El éxito de muchos afanes educativos depende en gran medida de que logremos imponer un estilo de vida fundamentado en la alegría y la satisfacción que provienen del esfuerzo, de la austeridad y del servicio a los demás.

Hemos de perder un poco el miedo a que, desde muy pronto, cada uno afronte por sí mismo los pequeños sufrimientos y desengaños que la vida trae consigo.

De entrada, porque muchas de esas contrariedades o decepciones que al principio percibimos como negativas, al final resultan ser un estímulo positivo y traen una enseñanza.

Y sobre todo, porque superar obstáculos desarrolla capacidades, potencia la tolerancia a la frustración y permite alcanzar lo que realmente se quiere.

Porque si tantos chicos y chicas fracasan en la escuela, sin que les falten capacidad intelectual ni recursos personales para rendir bien en sus estudios, parece claro que el problema, el núcleo de lo que les pasa, no es que no puedan, sino que, como a aquel halcón perezoso al que llevaban la comida hasta su rama, no se les ha ayudado lo suficiente a desarrollar su capacidad de controlar la gratificación inmediata para alcanzar un objetivo mejor a largo plazo.

1 comentario:

Eduardo dijo...

Sin duda es así, pero, en la vida real, no es tan fácil cortar la rama cuando en ella se ha permanecido bastante tiempo, porque en esa persona se afectó la personalidad, tanto en lo fisiológico como en lo sicológico en aspectos aún todavía no bien conocidos en el ser humano. Analizando experiencias de la vida animal podemos verlo más fácilmente, como es el caso de los felinos, las gatas deben enseñarle las estrategias de la caza a sus gatitos desde alrededor de los dos meses, porque sino ellos no lo podrán hacer con posterioridad, eso queda gravado en sus neuronas espejo, eso hace a su inteligencia de supervivencia, o a su dependencia. Este fue el caso, que tuvo que resolver un juez de Rosario, sobre un tigre de Bengala criado en cautiverio en una casa, donde deambulaba suelto, y ante la decisión de llevarse a tigre, el juez consultó a un experto que le informó sobre la característica de dependencia de esos felinos hacia el dueño que le daba de comer, y, que por lo tanto, si se lo trasladaba se iba a morir, la resolución fue que se quedara. La sicología evolutiva nos debe estudios serios sobre la influencia de estos aspectos en la persona

Necesitamos sustentación, ejemplos, estímulos y confiar, esto condiciona nuestra permanencia en la rama. Saltar para volar es un salto cualitativo que implica experimentar, saber que el aire y los músculos también pueden sostenernos generando confianza en esta nueva etapa. Así se juega nuestra libertad, nuestra estima, nuestra entrega en la búsqueda de algo más grande que nos oriente en la inmensidad de los cielos como “la cruz del sur” que evita que el salto sea hacia el vacío incierto.