martes 20 de mayo de 2008

Para Vivir en Paz y Armonía

¡Necesitamos despertar!

La paz es la tranquilidad del orden
San Agustín

Relato
Estuvisteis entonces sin Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo; mientras que ahora, por
Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de
Cristo
”.
Efesios 2: 12-14

Psicoeducación
Lejos de Dios no hay paz
Cuando estamos alejados de Dios y sin esperanzas, solo nos espera la ansiedad y falta de paz. Meditando en estas palabras que escribió San Pablo a los Efesios, podemos descubrir el camino hacia la paz y armonía en nuestras vidas.
Un viaje escondido dentro del viaje visible de la vida.

En lo profundo de nuestro ser
En el mundo actual, muchas veces complejizamos demasiado las cosas.
Y en lo profundo de nuestro ser, todos sabemos que la paz y la armonía se encuentra en la simplicidad. La vida, muerte y resurrección de Jesús es una invitación a esta simplicidad del espíritu que nos lleva hacia a una profunda paz.

Fluye la energía de Vida
San Agustin definía la paz como “la tranquilidad del orden”, y la paz y el orden son necesarios para nuestro crecimiento, para encontrarnos con nuestro verdadero ser que habita en lo profundo de nuestra conciencia, para des-cubrir y expresar el potencial que todos tenemos escondido allí. Este orden que nos habla San Agustín creo que tiene que ver con saber dirigir nuestra energía vital.

Despertar a esta Realidad
Cuando vivimos despiertos, conectados y en sintonía con la fuente de nuestra creación y de toda la creación, esta energía fluye en nuestros corazones.
Por ello, cuando estamos deprimidos, ansiosos, temerosos, en verdad estamos distraídos y no estamos funcionando desde nuestro centro vital, desde donde fluye la energía de vida. Nos distraemos y nos olvidamos de armonizar la energía que fluye dentro de nuestro ser.

Huyendo a las distracciones
Entonces, podemos decir que el enemigo de la paz es la distracción.
Nos distraemos cuando perdemos de vista que Dios es la base de nuestro ser.
Y, ¿cuál es la causa de esta distracción? La causa de nuestra distracción es el deseo de poseer, de tener más y más. Es el aferramiento a las cosas, a las personas, a las imágenes de uno mismo, etc. Allí dejamos de mirar más allá, a esa fuerza de vida que a todos nos contiene y que vive en nuestra profundidad; y comenzamos a mirar con una mirada muy corta, y nos quedarnos pegados, adheridos a aquello a lo cual nos apegamos, por el deseo fuerte de poseerlo.

Es despertar a la Verdad
Y así, nuestra mirada pierde de vista su objetivo primordial, alejándonos de lo real hacia lo irreal, fantaseado. Porque cuando quedamos fijados a algo, pegados y adheridos, nos confundimos y creemos que “somos” eso a lo cual nos apegamos. Sea esto una persona, cosa, una imagen de uno mismo, una expectativa.
Y no somos eso a lo cual nos hemos apegado! Somos mucho más que eso!
Esto es lo que nos olvidamos cuando nos distraemos y el deseo de poseer nos lleva a apegarnos.

Nuestra alma sabe
Luego nuestra alma, que sabe y conoce la verdad, nos envía mensajes a través del cuerpo, con ansiedades, miedos, etc. Y si vivimos des-conectados de nuestro organismo, no percibimos estas señales. La vida se encarga de que despertemos y volvamos a nuestra verdadera esencia, solo que a veces no la escuchamos o no comprendemos su mensaje de Vida. Y hasta a veces nos enojamos!
Toda crisis, enfermedad u obstáculo es una oportunidad para despertar y re-nacer al hombre nuevo.

Que fuimos creados para amar
Podemos aprender a re-conectar con nuestra alma, relajando primero nuestro cuerpo y nuestra mente. Y repitiendo nuestro mantra, esa frase breve que hayas elegido para conectar con la Vida. Personalmente mi frase es “Ven Jesús”.
Relajarse y repetir el mantra nos mantiene en el camino, nos aleja de las fantasías ilusorias y del deseo de poseer que nos aparta de la Verdad.
Mantenidos en el Camino, alejados de la distracción, re-conectamos con la Base desde donde fuimos creados: Dios.

Y solo encontramos la paz
Cuando nos perdemos, nos llenamos de temor. Porque como dijo San Agustín, nuestro corazón está hecho para Él y solo encuentra la paz cuando descansa en Él.
Conectados con la Verdad, podemos confrontar la fantasía, los miedos, la ilusión, el deseo, nuestros apegos, etc, y en este orden del amor, encontramos paz y armonía.
Es la energía dirigida hacia la meta más elevada. Esa meta es Dios. Y Dios es Amor. Y Él habita en tu corazón. ¡Qué bello es esto!

En la presencia de Dios
Entrar en la presencia de Dios es estar totalmente despierto.
Así, todo nuestro poder y nuestro potencial se dirigen a la verdadera meta final.
Esa meta es Dios, el fin que es nuestro principio.
En esta experiencia trascendente se nos revela quienes somos en verdad.
Se nos revela que somos muchos más que eso a lo cual nos apegamos, que somos mucho más que nuestros miedos e inseguridades.

Que es Amor
El resultado de este encuentro con nuestro ser, nos hace auténticos y reales, libre ya de máscaras. Es un encuentro, un encuentro con el Amor que nos transforma.
Nosotros no somos los que creamos el milagro de la vida y del crecimiento pero somos responsables de su desarrollo. Y somos libres de elegir dónde fijamos nuestra atención.

Síntesis
El poder del Espíritu nos libera.
Lo que nos impide ver esto es nuestra distracción.
Nuestra mente esta desordenada y necesitamos liberarla de los nudos que nos atan a la irrealidad, a la ilusión y al miedo. Necesitamos trascender nuestras fijaciones.
Abiertos a la única Realidad que es Dios, esos nudos no tienen poder sobre nosotros.
Jesús, Hijo amado de Dios, nos abrió a esta experiencia.
La de sabernos amados por Él.
De saber que somos hijos de un Padre amoroso, compasivo y comprensivo.
En esa experiencia descubrimos lo que significa estar totalmente abiertos a su amor, a su misterioso ser, que está abierto en nuestros corazones.
Es en nuestro centro donde lo encontramos.
Hagamos este peregrinaje al centro donde Él es y donde somos nosotros con El.
En esta profundidad, descubrimos la paz.

Para reflexionar
Lo esencial gira siempre alrededor del mismo centro.
Cuando nosotros rodeamos ese centro, una y otra vez somos atraídos por él de manera diferente.
Porque allí se consolida lo múltiple y alcanza su plenitud.
Bert Hellinger