Y no buenas razones
es la incapacidad para el amor”
Dostoievski
Había una joven muy rica que tenía de todo, un marido maravillo, hijos perfectos, un buen trabajo, una familia unida.
Lo extraño es que ella no conseguía integrar todo eso, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo el tiempo y su vida siempre estaba deficitaria en algún área.
Si el trabajo le consumía mucho tiempo, ella lo quitaba de los hijos, si surgían problemas, ella dejaba de lado al marido.
Y así las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después.
Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio le dio un regalo.
Una flor cara y rarísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo.Y le dijo:
-Hija, esta flor te va a ayudar mucho, ¡más de lo que imaginas! Tan sólo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando, y a veces conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y esas maravillosas flores.
La joven quedó muy emocionada, a fin de cuentas, la flor era de una belleza sin igual. Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor.
Ella llegaba a casa, miraba la flor y la flor todavía estaba allá, no mostraba señal de flaqueza o muerte, apenas estaba allá, linda, perfumada.
Entonces ella pasaba de largo. Hasta que un día, sin más ni menos, la flor murió.Ella llegó a casa y se llevó un susto, la flor estaba completamente muerta, su raíz estaba reseca, sus flores caídas y sus hojas amarillas.
La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido.
Su padre entonces respondió:-Yo ya me imaginaba que eso ocurriría, y no te puedo dar otra flor, porque no existe otra flor igual a esa, ella era única, al igual que tus hijos, tu marido y tu familia.Todas son bendiciones que el Señor te dio, pero tú tienes que aprender a regarlos, podarlos y darles atención, pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren. Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla.
A cuidar las bendiciones recibidas
Muchas veces no somos concientes de lo poco expresivos que somos de nuestros afectos, de nuestro aprecio.
Al amor es necesario ejercitarlo en la práctica.
Podemos comenzar hoy
¿Cómo? un llamado telefónico, un mail, una nota, una carta, un poema.
O algo que requiere de mucho más coraje: mirar a los ojos a esa persona, y decirle: "No sabes lo importante que sos para mí", o "Realmente, cuánto te quiero, y qué pocas veces te lo digo...".
Te proponemos ponerlo en práctica.
Acuérdate siempre de la flor, pues las Bendiciones de nuestro Dios son como ella, Él nos las da, pero nosotros tenemos que cuidarlas.
Integremos familia y trabajo
Si nos cuestionamos cómo estamos en nuestra vida, lo nuestro es:
¿amor y trabajo?, o ¿amor vs. trabajo?. ¿Existe esta dicotomía en nuestra vida?
Algunos dicen: "cuando llego a casa me olvido de los problemas del trabajo", o viceversa, pero ¿porqué pensar en disociar los dos niveles de la vida de uno si somos un todo?
Las personas somos como un malabarista chino que intenta mantener muchos platos en el aire.
Uno es de porcelana, la familia.
El resto son de plástico y, aunque sean importantes, pueden ser repuestos si se caen.
Sigmund Freud decía que "La salud mental es la capacidad de amar y trabajar".
Familia y trabajo nunca pueden estar contrapuestas, sí concatenadas, integradas.
Para reflexionar
Démonos prisa a amar, la gente se va tan pronto,
sólo dejan tras ellos sus zapatos y un teléfono mudo.
Sólo lo fútil se arrastra pesadamente,
lo importante es tan veloz que sucede de repente
y luego un silencio normal y por eso insoportable,
como la pureza nacida del más simple desconsuelo,
cuando pensamos en alguien y nos quedamos sin él.
No estés tan seguro de tener tiempo, lo seguro es inseguro,
nos quita lo sensible como toda dicha,
llega simultáneamente como el humor y lo solemne,
como dos pasiones siempre más débiles que una.
Desaparecen tan pronto como calla el tordo en julio,
como un sonido algo torpe o como una sorda reverencia.
Para ver de verdad cierran los ojos,
aunque es más arriesgado nacer que morir.
Amamos siempre poco y demasiado tarde.
No escribas sobre esto con frecuencia,
sino de una vez por todas
y serás como un delfín bondadoso y fuerte.
Démonos prisa a amar, la gente se va tan pronto
y los que no se van, no siempre vuelven
y al hablar de amor nunca se sabe si el primero
es el último o el último el primero.
si el primero es el último o el último el primero.
Jan Twardowski, poeta y sacerdote polaco.
Trabajo personal
2-¿Cuidas las bendiciones que Dios te ha dado?
miércoles 14 de mayo de 2008
Obras Son Amores
Relato
Psicoeducación
Su obra es de una intensa espiritualidad, inspiradora para las generaciones posteriores de escritores.
1-¿Cuidas a las personas que amas, incluyéndote tu mismo?
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