Una es real y la otra no lo es
"Hay un remedio para las culpas: reconocerlas."
Franz Grillparzer, 1791-1872. Dramaturgo austriaco.
Relato
Jimena tiene 31 años. Está casada hace 10 años con Daniel.
Desde que estaban de novios, tenían la costumbre de participar de un evento en el club para festejar el 1° de mayo. Y lo hacían con la mamá de Jimena, desde que ella quedó viuda. Desde entonces, ellos la pasaban a buscar, e iban juntos a la reunión.
Este año Daniel habló con Jimena y acordaron comenzar a festejar de otra manera.
Esta vez no le dirían a su madre de ir juntos, si no que irían ellos solos con sus dos hijos pequeños.
Por su parte, la mamá de Jimena, como no la llamaron el día anterior tal como lo hacen hace años, va a la casa del matrimonio y en un momento les dice:
-me siento tan sola… no sé con quién voy a ir mañana… estoy tan angustiada que siento un dolor fuerte en el pecho…
Obviamente esto le causó una fuerte sensación de culpa a Jimena, que ella puede ver gracias a que hace un tiempo ha comenzado un camino de auto observación y conocimiento de sí misma.
Lo cual le ayudó a transitar este sentimiento de culpa, sin quedarse pegada a él, ni dejar de amar a su madre, sabiendo que ella es así, porque a su vez, ha aprendido a vincularse de esa manera.
Psicoeducación
Hay ciertos mecanismos
Cuando comenzamos a transitar el camino del conocimiento de uno mismo, vamos viendo los mecanismos bajo los cuales hemos estado atrapados, en nuestra historia vincular.
En el caso del relato, Jimena ama a su madre, pero esto no significa que pueda ver sus mecanismos manipulativos.
Es decir, la manera que su madre intenta lograr su objetivo de ir con ellos a la reunión; sin tener en cuenta que ella y su marido quieren ir solos esta vez.
Que nos llevan a la culpa
Jimena aprendió a ver los mecanismos que la llevan a la culpa.
Y aprendió a discernir cuando la culpa es real, de cuando no lo es porque proviene de demandas manipulativas.
¿Cuándo sería una culpa real?
Si su madre se enfermara y ella no la auxiliara, y luego sintiera culpa por ello, entonces sí podemos decir que se trataría de una culpa real.
Y, ¿cuándo no lo es?
En el caso del relato. Porque está muy bien que ella y su marido decidan hacer algo diferente juntos, en familia, y solos. Está muy bien y es necesario para ellos.
Estos gestos son muy sutiles
Los pequeños gestos manipulativos son muy sutiles, y por ello, no son fáciles de ver. Menos aún cuando se trata de vínculos tan íntimos y antiguos.
No obstante, cuando comenzamos a transitar el camino del conocimiento de uno mismo, es necesario transitar por este trabajo arduo y bien cuesta arriba, pero que resulta muy liberador.
Lo importante es decidirse a hacerlo, con coraje, lucidez y junto con otro/os que nos guíen y acompañen; y que al no estar tan implicados en el vínculo, pueden ayudarnos a ver más allá.
Pero pueden ser des-cubiertos
Hay otros casos de manipulación vincular, donde la persona deja de hablarle al otro, y cuando se le pregunta, ¿te pasa algo?, el otro responde:
- “noooo, nadaaaa”. Sin embargo se siente un ambiente hostil, y entonces el otro comienza a sentir un sentimiento de culpa que lo arrebata.
Hay que aprender a detectar la manipulación y aprender a tolerar lo que esto nos provoca.
Si nos genera culpa, aprender a transitarla sabiendo que no es real, porque es provocada por un gesto manipulativo del otro, que lo hace de manera inconciente, porque así ha aprendido a vincularse también.
Necesitamos aprender a salir de estos hilos que nos tienen mal atados y nos impiden sentirnos libres y felices.
Lo importante es ver y ver-se
Lo importante es conectarse con el sentimiento, verse uno mismo, ver qué nos recorre por dentro, y luego comprender qué es lo que sucede realmente.
Mirarse uno mismo para salir de la culpa, sin juzgar al otro.
Ver lo que sucede, sabiendo que el otro está siendo lo mejor que puede en este momento, que en verdad no puede hacer otra cosa hoy.
Entonces, lo acepto así como es, sin querer modificar al otro, porque sé que nadie modifica a nadie, ni tampoco tiene derecho; no obstante me modifico yo mismo al ver qué hay detrás. Y, así, no quedo atrapado en la culpa insana.
Para no quedar atrapados en ellos
No quedo preso de los deseos o expectativas de los otros, sino que voy siendo yo mismo quien va tomando decisiones sobre qué es lo que necesito hacer y qué no.
Viene bien recordar que, aunque a todos nos pase, nadie vino a este mundo a cumplir con las expectativas de otros.
Entonces, vemos que hay una culpa real y otra que no lo es.
Cuando comenzamos a observar nuestros vínculos, vamos descubriendo que ambas se jueguen dentro de nosotros. Lo importante y esencial es comenzar a mirar con ojos nuevos nuestros vínculos, mirar al otro y mirarnos a nosotros mismos.
Discernir es la clave
Cuando la culpa es real, podemos hacer lo posible por encontrar una solución que cambie lo que afectamos. Sabiendo que fuimos lo mejor que pudimos, y que en ese momento no pudimos responder diferente. Nadie es perfecto. Creer que uno pudo ser diferente, es una soberbia encubierta. Somos lo mejor que podemos, con la información que tenemos en cada momento de nuestras vidas.
Y cuando nos hacen creer que somos culpables, pero no lo es, observamos nuestra culpa, concientes sabiendo que la causa es irreal.
Lo importante es acabar con las respuestas mecánicas, con el estímulo-respuesta, sin hacer conciente qué hay detrás de nuestras vivencias vinculares más íntimas.
Síntesis
Para aprender a discernir si nuestros sentimientos de culpa son reales o no, la tarea es aprender a darse cuenta, ver y ver-se en cada aquí y ahora de nuestros vínculos, con lo que nos sucede en el día a día.
Para reflexionar
Aprender a transitar la culpa, sin dejar que la culpa decida por nosotros.
Jimena tiene 31 años. Está casada hace 10 años con Daniel.
Desde que estaban de novios, tenían la costumbre de participar de un evento en el club para festejar el 1° de mayo. Y lo hacían con la mamá de Jimena, desde que ella quedó viuda. Desde entonces, ellos la pasaban a buscar, e iban juntos a la reunión.
Este año Daniel habló con Jimena y acordaron comenzar a festejar de otra manera.
Esta vez no le dirían a su madre de ir juntos, si no que irían ellos solos con sus dos hijos pequeños.
Por su parte, la mamá de Jimena, como no la llamaron el día anterior tal como lo hacen hace años, va a la casa del matrimonio y en un momento les dice:
-me siento tan sola… no sé con quién voy a ir mañana… estoy tan angustiada que siento un dolor fuerte en el pecho…
Obviamente esto le causó una fuerte sensación de culpa a Jimena, que ella puede ver gracias a que hace un tiempo ha comenzado un camino de auto observación y conocimiento de sí misma.
Lo cual le ayudó a transitar este sentimiento de culpa, sin quedarse pegada a él, ni dejar de amar a su madre, sabiendo que ella es así, porque a su vez, ha aprendido a vincularse de esa manera.
Psicoeducación
Hay ciertos mecanismos
Cuando comenzamos a transitar el camino del conocimiento de uno mismo, vamos viendo los mecanismos bajo los cuales hemos estado atrapados, en nuestra historia vincular.
En el caso del relato, Jimena ama a su madre, pero esto no significa que pueda ver sus mecanismos manipulativos.
Es decir, la manera que su madre intenta lograr su objetivo de ir con ellos a la reunión; sin tener en cuenta que ella y su marido quieren ir solos esta vez.
Que nos llevan a la culpa
Jimena aprendió a ver los mecanismos que la llevan a la culpa.
Y aprendió a discernir cuando la culpa es real, de cuando no lo es porque proviene de demandas manipulativas.
¿Cuándo sería una culpa real?
Si su madre se enfermara y ella no la auxiliara, y luego sintiera culpa por ello, entonces sí podemos decir que se trataría de una culpa real.
Y, ¿cuándo no lo es?
En el caso del relato. Porque está muy bien que ella y su marido decidan hacer algo diferente juntos, en familia, y solos. Está muy bien y es necesario para ellos.
Estos gestos son muy sutiles
Los pequeños gestos manipulativos son muy sutiles, y por ello, no son fáciles de ver. Menos aún cuando se trata de vínculos tan íntimos y antiguos.
No obstante, cuando comenzamos a transitar el camino del conocimiento de uno mismo, es necesario transitar por este trabajo arduo y bien cuesta arriba, pero que resulta muy liberador.
Lo importante es decidirse a hacerlo, con coraje, lucidez y junto con otro/os que nos guíen y acompañen; y que al no estar tan implicados en el vínculo, pueden ayudarnos a ver más allá.
Pero pueden ser des-cubiertos
Hay otros casos de manipulación vincular, donde la persona deja de hablarle al otro, y cuando se le pregunta, ¿te pasa algo?, el otro responde:
- “noooo, nadaaaa”. Sin embargo se siente un ambiente hostil, y entonces el otro comienza a sentir un sentimiento de culpa que lo arrebata.
Hay que aprender a detectar la manipulación y aprender a tolerar lo que esto nos provoca.
Si nos genera culpa, aprender a transitarla sabiendo que no es real, porque es provocada por un gesto manipulativo del otro, que lo hace de manera inconciente, porque así ha aprendido a vincularse también.
Necesitamos aprender a salir de estos hilos que nos tienen mal atados y nos impiden sentirnos libres y felices.
Lo importante es ver y ver-se
Lo importante es conectarse con el sentimiento, verse uno mismo, ver qué nos recorre por dentro, y luego comprender qué es lo que sucede realmente.
Mirarse uno mismo para salir de la culpa, sin juzgar al otro.
Ver lo que sucede, sabiendo que el otro está siendo lo mejor que puede en este momento, que en verdad no puede hacer otra cosa hoy.
Entonces, lo acepto así como es, sin querer modificar al otro, porque sé que nadie modifica a nadie, ni tampoco tiene derecho; no obstante me modifico yo mismo al ver qué hay detrás. Y, así, no quedo atrapado en la culpa insana.
Para no quedar atrapados en ellos
No quedo preso de los deseos o expectativas de los otros, sino que voy siendo yo mismo quien va tomando decisiones sobre qué es lo que necesito hacer y qué no.
Viene bien recordar que, aunque a todos nos pase, nadie vino a este mundo a cumplir con las expectativas de otros.
Entonces, vemos que hay una culpa real y otra que no lo es.
Cuando comenzamos a observar nuestros vínculos, vamos descubriendo que ambas se jueguen dentro de nosotros. Lo importante y esencial es comenzar a mirar con ojos nuevos nuestros vínculos, mirar al otro y mirarnos a nosotros mismos.
Discernir es la clave
Cuando la culpa es real, podemos hacer lo posible por encontrar una solución que cambie lo que afectamos. Sabiendo que fuimos lo mejor que pudimos, y que en ese momento no pudimos responder diferente. Nadie es perfecto. Creer que uno pudo ser diferente, es una soberbia encubierta. Somos lo mejor que podemos, con la información que tenemos en cada momento de nuestras vidas.
Y cuando nos hacen creer que somos culpables, pero no lo es, observamos nuestra culpa, concientes sabiendo que la causa es irreal.
Lo importante es acabar con las respuestas mecánicas, con el estímulo-respuesta, sin hacer conciente qué hay detrás de nuestras vivencias vinculares más íntimas.
Síntesis
Para aprender a discernir si nuestros sentimientos de culpa son reales o no, la tarea es aprender a darse cuenta, ver y ver-se en cada aquí y ahora de nuestros vínculos, con lo que nos sucede en el día a día.
Para reflexionar
Aprender a transitar la culpa, sin dejar que la culpa decida por nosotros.
Meditación
Cerramos los ojos y miramos nuestra vida.
Miramos a quien causamos daño.
No hay nadie que no se haya hecho culpable frente a alguien.
Todos los seres humanos se hacen culpables frente a otros.
Miramos a cada uno donde nos hicimos culpables y le decimos: por favor, vuelve a mí, ahora te tomo en mi alma con toda la culpa, con las consecuencias de la culpa para ti y para mí.
Y ahora junto contigo me muevo hacia algo que sirve a la Vida, a la vida de muchos, sea cual haya sido el precio para ti y para mí.
Y luego miramos por encima de nosotros y por encima de aquellos frente a los que nos hicimos culpables, miramos a Algo Grande en cuyas manos están TODOS con su destino, con todo lo que han hecho y con lo que sufrieron, tanto lo uno como lo otro.
Estamos al servicio de este movimiento y nos sintonizamos con ese movimiento que asiente a TODO TAL COMO ES, y luego de cada movimiento dice “Ahora está bien, ahora continúa, ahora el AMOR puede volver a estar y en ese movimiento permanecemos pequeños, humildes, y sin embargo con fuerza.
Bert Hellinger

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