viernes 16 de mayo de 2008

En el interior de la conciencia humana

Existe una espiritualidad natural

Lo trascendente es una posibilidad escondida en el ser humano.
Es el secreto que guarda todo corazón humano
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Eduardo Casas

Relato
El psiquiatra vienés Víktor Frankl (1905-1997) en su sencilla y educativa obra “El hombre en busca de sentido”, nos explica las diferentes conductas que emergían en los campos de concentración nazis.
En la primer parte del libro, el autor nos enseña cómo incidía en las mentes de los prisioneros, las deplorables condiciones a la que eran sometidos; desde el ingreso al campo, la vida en el mismo, y después de la liberación.
En la segunda parte aborda lo que, considero, es la esencia del mensaje del libro: el sentido de la existencia humana.
El autor nos enseña que pueden quitarnos humanamente muchas cosas, sin embargo nadie puede quitarnos la libertad de elegir cómo vivimos aquello que nos toca vivir.
Nos explica cómo muchos prisioneros se suicidaban bajo la creencia que nada tenía sentido para ellos, mientras otros se apoyaban en el amor, la religión, el humor, la esperanza de libertad y esto los ayudaba a sobrevivir.
El mismo autor y otros prisioneros, pudieron sostener y salvar sus vidas gracias al hecho de haberle encontrado un sentido trascendente a todo lo que vivenciaban.
Esto se sintetiza en una frase que aparece bastante en el libro:
Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”.

Psicoeducación
La vida humana
S. Freud nos había señalado que en el interior de la conciencia humana existe una impulsividad natural, y que la represión de esta impulsividad generaba insanía mental.
Con su propia experiencia de vida, V. Frankl descubre otro elemento del inconciente humano: el espiritual. Así, V. Frankl vino a enseñarnos que además de la impulsividad humana, también existe una espiritualidad natural.
Aportando así, una mirada de la vida humana desde un nivel más profundo.

Y la vida espiritual
En su obra autobiográfica, Víktor Frankl nos enseña que esta espiritualidad natural que existe en lo profundo de la psiquis humana, es un modo de existir humano que busca la trascendencia, y genera sentido a nuestra vida.
Este modo de ser, implica tomar decisiones ante las diferentes situaciones que la vida nos presenta. Es decir, implica responsabilidad.

Constituyen una unidad
Comprendiendo la dimensión espiritual de esta manera, vemos que ella no está separada del hombre, ni tampoco está más allá, sino que es parte misma del ser humano.
Entonces, ser espiritual no se trata de reprimir, ni huir del mundo o de los conflictos, sino de conectarse con esa dimensión que yace en lo profundo y secreto de nuestra conciencia humana, de nuestro corazón.

Inseparable e indisoluble
Vida humana y vida espiritual constituyen una unidad. La vida humana encuentra su centro en lo espiritual, y una vida espiritual auténtica se sostiene en la vida humana.
En el misterio de la Encarnación, Jesús, Dios hecho hombre, une lo divino con lo humano.
En Él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente. Un modelo a seguir para nosotros.

Parcializar nuestra mirada
A veces se cae en la mirada parcial que sobredimensiona una sobre otra.
Ya sea la humana sobre la espiritual, o la espiritual sobre la humana.
Y necesitamos integrarlas, unirlas, para lograr una armonía interior que se traduzca en nuestras conductas cotidianas.
La vida humana y la vida espiritual se complementan, se necesitan mutuamente.

Nos impide vivir plenamente
Vivir creyéndose el centro de todo, es vivir solo desde lo humano, desplazando lo divino.
Lo cual nos lleva a vivir sin sentido, a vivenciarnos como divididos, escindidos.
Y nuestra alma, creada para la unidad, nos reclama desde nuestro interior a través de ansiedad, miedos, y otros síntomas que podemos aprender a ver e interpretar su mensaje.

Una vida íntegra
Cuando todo lo que vivimos y hacemos humanamente lo vivenciamos desde Dios, vivimos íntegramente y nuestra vida así, tiene sentido. Un sentido trascendente.
Lo cual nos genera un sentimiento de unidad interior que se traduce en armonía y plenitud.

Centra su vida en Dios
El hombre humano-espiritual-íntegro es aquel que centra toda su vida bajo la influencia de la acción del Espíritu de Dios.
Una personalidad íntegra vive “todo lo que es y lo que hace” desde Dios.
Experimenta a Dios en su vida cotidiana.

Es un proceso de crecimiento
Claro está que lograr esta unidad requiere transitar un proceso de crecimiento y maduración personal, que muchas veces nos lleva toda la vida.
En este camino de madurez vamos transitando etapas.
Y cada etapa incluye y abarca a la siguiente.

Y maduración
Cada etapa tiene sus propias características.
Para el niño la vida es aprendizaje y dependencia; para el adolescente, autoafirmación y búsqueda de identidad; para el joven, elecciones y compromisos responsables; para el adulto, experiencia y plenitud; para el anciano, sabiduría y unidad de vida.

Habrá que transitar sus etapas
Cada etapa vendrá con sus propias crisis a mover aquello que ya fue, para dar paso a lo nuevo.
Lo cual nos generará cierta angustia, dolor y hasta confusión.
Resistirse a avanzar en estas etapas, implicará enfermedad.
Flexibilizarse y dejarse llevar por la Vida hacia delante, es la clave.
¡Y no estamos solos! El Artesano trabaja junto a nosotros.
Uniendo sus dones y nuestra disposición y cooperación, se logra una verdadera obra a de arte.
¡Adelante entonces! ¡Siempre adelante! ¡Que la Vida empuja!

Para reflexionar
Dios está en todo lo genuinamente humano.
Se ha hecho hombre para que lo puedas encontrar.
Se ha hecho amor para que lo puedas experimentar.
Eduardo Casas

La espiritualidad nos ilumina el camino
«Jesús crecía ante Dios y los hombres».
Lc 2,52
Imagen de Rene Magritte
Si te interesa leer el libro, puedes pedírmelo a mi mail:
Con mucho gusto te lo enviaré en formato word.
¡Que tengas un muy buen fin de semana!