lunes 19 de mayo de 2008

Cuando la mujer espera su príncipe azul

Que venga a salvarla de sus males



"La verdad es totalmente interior.
No hay que buscarla fuera de nosotros"


Mahatma Gandhi
Relato
Hace unos días recibí un mail muy gracioso y real. Decía así:
Cenicienta, ¿es un fraude?
¿A quiénes les contaban el cuento de "La Cenicienta?".
“A nosotras” y nos machacaban siempre con el mismo cuento...
Y lo peor es que nos encantaba! Pero piensa... ¿cuál era el mensaje?
Muy simple pero poderoso:
-Vos limpia nomás... sé buena, sumisa y dócil… que el día que aparezca el galán con sombrero de plumita y con calzas te salvas para toda la vida.
Y nosotras, inocentes, seguíamos plumereando a lo loco y esperando el príncipe!
Escuchamos este cuento una y otra vez, sin poner en duda la salud mental del relator.
El mensaje era que teníamos que ser sumisas y esperar que llegue el príncipe para salvarnos.
¡Y tenia que ser el primero y el único!

Psicoeducación
Creer que la solución
Si observamos, este mensaje implícito de la Cenicienta ha estado en muchas novelas y comedias románticas de la historia.
Y ha marcado el rol que la sociedad adjudicaba a las mujeres.
Cuando leemos el cuento original nos damos cuenta que Cenicienta quería algo diferente de la vida que llevaba, y por eso soñaba con un futuro mejor.
El mensaje del cuento era: “Todas las soluciones vendrán el día que encuentres a un príncipe.”
Y por eso Cenicienta anhelaba con entusiasmo poder ir a esa fiesta, porque allí encontraría la solución a sus problemas.

Está en un hombre
Y así fuimos formadas las mujeres. Creyendo que la solución a nuestros conflictos estaba en un hombre. ¡Pobres los hombres! ¡Cuanta responsabilidad!
Incluso hoy podemos observar estas conductas, por ejemplo cuando las mujeres buscamos la aprobación constante de un hombre.
Hoy aún son muchas las mujeres que siguen creyendo que necesitan ser salvadas y rescatadas por un hombre.

Nos esclaviza y limita
No busquemos afuera lo que todos tenemos en nuestro interior.
Creer que seremos felices cuando llegue un hombre a nuestras vidas es una esclavitud que nos limita vivir plenas en el momento presente.
Es una dependencia malsana que no nos ayuda a crecer y desarrollarnos con plenitud.
Algunas mujeres estudian, trabajan, y se arreglan solas cuando el auto se les rompe, pero aún conviven en su interior con el deseo interior de ser salvadas.

Cuestionar estas creencias
Esto tiene que ver con lo que nos enseñaron en nuestra infancia.
Y no podemos culpar a nuestras madres o abuelas porque ellas solo reprodujeron lo que a su vez, recibieron. Con los varones estaba bien claro que había que formarlos para trabajar, estudiar, crear su futuro, mantener una familia.
Nosotras, como Cenicienta, teníamos que ser buenas y sumisas, para que un hombre nos elija.

Observando nuestras conductas
Y hasta hoy tenemos conductas que giran, de alguna manera, alrededor de este mandato de sumisión y docilidad.
Por ejemplo cuando nos cuesta tomar decisiones, cuando nos mostramos alegres aunque no lo estemos con tal que el otro no se incomode, cuando nos cuesta poner límites claros, cuando nos falta determinación ante alguna situación.

Nos permite liberarnos
Personalmente creo que es hermoso y maravilloso encontrar un hombre.
Pero esto no significa que una vez que lo encontremos tengamos que colgarnos de su cuello y que este hombre tenga que salvarnos y hacerse cargo de nosotras.
El mito de Cenicienta generó la falsa creencia que tenemos que tener un hombre para salvarnos.
Y esto solo genera conductas que nos limitan y esclavizan.
En una relación hombre-mujer sana y madura, uno está al lado del otro. No uno delante y el otro detrás.

Y liberarlos a ellos también
Confiemos en nuestro interior.
Hombres y mujeres tenemos una riqueza infinita en la profundidad de nuestro ser.
Liberémonos y liberemos a nuestros hombres del peso de hacerse cargo de nuestra persona.
Cada uno de nosotros, solo podemos hacernos cargo de nosotros mismos.
Si servimos, lo hacemos por amor; y no porque necesitamos que se hagan cargo de nosotras.

Es Dios quien contiene a todos
Detrás de la necesidad de someternos habría miedos subyacentes.
Tales como: miedo a hacer las cosas mal, a decir que no, a expresar una necesidad, a quedarnos solas, a ser criticadas, a ser poco femeninas; etc.
Tanto hombres como mujeres tenemos nuestros miedos e inseguridades.
Y somos fuertes y débiles. Fuertes para algunas cosas, y débiles para otras.
Es Dios quien nos contiene, nos apoya, nos aprueba y nos habilita para seguir adelante y logrando nuestros propios sueños.

A hombres y mujeres
La inteligencia, la sabiduría y la capacidad es patrimonio del hombre y la mujer.
Ambos recibimos de Dios la capacidad para tomar buenas decisiones y accionar.
Solo que las mujeres necesitamos más práctica en esto.
Me gustaría que quede muy claro que considero que hombre y mujer se complementan mutuamente, que es hermoso encontrarse, y que cuando hablo de liberarse me refiero a liberarse de las dependencias que nos tienen mal atadas a las mujeres, y presionados a los varones. No nacimos para ser dependientes.
Crecer y convertirnos en una mujer adulta significa hacerse cargo de si misma, aprender a cuidarse, amarse y luchar para conquistar nuestros propios sueños.

Para reflexionar
Una relación de pareja se logra de una manera hermosa, cuando cada uno tiene un poder especial, y ambos se reconocen en el mismo nivel.

La espiritualidad nos ilumina el camino
"… no se hace diferencia entre hombre y mujer. Pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús".
Gál 3,28